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sábado, 24 de junio de 2017



No es por nada


Cuento escrito por Megumi Kuwae Yabiku


Si había algo que Jimmy sabía con certeza sobre ese chico japonés de apellido Tsukishiro, que transfirieron a principios de año, era que no era muy bueno…en nada. Y Jimmy no decía esto por ser una mala persona o porque no le agradara el chico, era porque realmente no sobresalía en nada, y todos se habían dado cuenta de esto.
De hecho, su falta de habilidad era algo bastante sorprendente.
El japonés no tenía muchos amigos, salvo un grupo extraño, que constituía de un chico que pertenecía al club de vóley masculino del colegio (muy buena persona, pensó Jimmy, se habían cruzado algunas veces y era bastante simpático), otro chico que, la verdad, Jimmy nunca veía en clases, y parecía estar molesto todo el tiempo, y una chica a la que jamás había escuchado hablar; y que siempre seguían a Tsukishiro a todas partes.
Aparte de su extraña selección de amigos, el chico no era bueno en ninguna materia. Siempre reprobaba los exámenes, y era forzado a tomar unos suplementarios. Se tropezaba en todas las clases de gimnasia, y honestamente, Jimmy pensaba que el entrenador se había rendido completamente en hacer que Tsukishiro aprenda a jugar básquet.
En ese contexto, y en cualquiera, Tsukishiro era simplemente malo. Y su apariencia sólo alimentaba la lástima que les daba a todos en el colegio.
Tsukishiro era un chico alto y delgado, bastante pálido para el gusto de cualquiera, como si su piel nunca hubiese conocido el sol o el calor. Su cabello era algo largo, lo suficiente para hacerse una pequeña cola, y de un profundo negro. Siempre andaba encorvado, de manera que pareciera estar cargando con una mochila invisible llena de gigantescas rocas. Y sumándole puntos extras a su apariencia enfermiza, sus ojos parecían cansados, y hasta viejos. Pero no un cansado y viejo por haberse quedado despierto la noche en vela, sino porque pareciese que había ido hasta el final del mundo y de regreso. Como si hubiese presenciado el mismísimo apocalipsis.
Sin embargo, pensó Jimmy, aunque Tsukishiro tuviese todas las cualidades para que los demás empiecen a molestarlo, nadie lo hacía. Ninguno de sus compañeros parecía meterse con él. Como si hubiesen hecho un acuerdo tácito de no fastidiarlo. Tampoco es que Jimmy se esté quejando de que nadie comience una pelea con el transferido, era sólo que le parecía bastante extraño.
Y así, sumido en sus pensamientos, Jimmy no reparó cuando el director de su colegio entraba cautelosamente al aula y pedía la atención de los alumnos.
-Buenos días – dijo el director al momento que sacaba un pañuelo de su chaqueta de un color antiguo y se secaba unas muy vistosas gotas de sudor de la cara. – He venido a presentar a su nuevo compañero de clases antes de que empiece el día.
Al momento, múltiples susurros se escucharon en el salón. Faltaba poco menos de 4 meses antes de que acabara el año escolar, y ¿querían ingresar a un nuevo alumno? Además, Tsukishiro tampoco había llegado hace tanto tiempo.
El director parecía más nervioso mientras escuchaba a los alumnos.
-¡Atención! – exasperó. – Sé que es un poco inesperado a estas alturas del año… - hizo una pausa para mirar a su alrededor. – Pero sus padres se han hecho presentes con unas circunstancias especiales a las cuales no hemos sido capaces de negarnos.
-¿Eso significa que lo han sobornado? – gritó un chico al final del salón.
-¡Seguro que sí! – rió otra.
-¡Ese no es el caso! – sollozó el director. – Sólo…dejaré que se presente y me iré cuando llegue su profesor de la mañana.
En ese momento, el director hizo unas señas para que pasara adelante el nuevo estudiante, que estaba en el pasillo. Cuando entró, con aire de suficiencia y paso confiado, tomó el mundo dio un suspiro de reconocimiento y sorpresa.
-¿Estoy viendo doble?
-¿Creo que no?
-¡Dios, si es igualito a Tsukishiro!
Y exactamente, era la réplica exacta del chico. Salvo por sus ojos, que parecían mucho más joviales que los de Tsukishiro, mucho menos cansados.
-¡Hola! – saludó el chico. – Como muchos ya lo habrán notado, soy el hermano gemelo menor de Nobuyuki, Koji – sonrió Koji, haciendo alusión al primer nombre de Tsukishiro, que Jimmy había olvidado hasta ahora. - ¡Espero que nos llevemos bien…en lo que sobra de año!
Jimmy podía haber jurado que, durante toda la mañana, cuando tenía la cara escondida tras las manos, había escuchado a Tsuki…Nobuyuki murmurar algo como:
-Estoy tan fregado.


La primera semana desde que llegó Koji fue realmente ajetreada, con el susodicho irradiando energía de cada fibra de su ser. Resulta ser que, en realidad, lo único en lo que tenían en común los gemelos era la apariencia, puesto que sus personalidades eran totalmente distintas. Nobuyuki era mucho más lúgubre que su hermano menor, y la verdad, parecía más fastidiado que nunca desde que llegó. Jimmy empezaba a pensar que era cosa de familia, pero parecía que los gemelos siempre estaban discutiendo sobre algo en voz baja durante toda la hora del almuerzo. Aunque para Koji le era mucho más fácil hacer amigos, éste insistía en acompañar a su hermano y amigos, cuales nombres, Jimmy al fin aprendió, eran Dean, Lucian y Noir, a todas partes.
Pero eso no era la único que había pasado en la caótica semana, no. Lo que realmente sorprendió a los demás era de qué manera la llegada del hermano menor había cambiado a Nobuyuki.
Es decir, ¡había empezado a mostrar un poco de inteligencia!
Bueno, no era un súbito cambio en su inusual forma de ser, no es que de repente era el mejor alumno del curso, pero era suficiente para llamar la atención de los demás.
Jimmy había notado que esto se debía a que el menor de los Tsukishiro parecía susurrarle algo al oído a su hermano, cosa que lograba hacer con disimulo puesto que ambos se sentaban en la parte trasera de la clase, siempre que éste se equivocaba con algo. Y acto siguiente, Nobuyuki se autocorregía, de manera bastante molesta, y dejaba a Koji con una gran sonrisa de satisfacción en el rostro.
De manera que, ahora Nobuyuki era capaz de recitar los textos de Lengua sin equivocarse, hablar de manera casi fluida en inglés e italiano, y aplicar correctamente los fundamentos de Matemáticas. Jimmy recordó una clase que tuvierno de Historia Universal, un debate donde cada uno representaría un país, y que había prácticamente sido de los gemelos atacándose mutuamente, pero con muy buenos fundamentos. Nobuyuki lo había hecho tan bien que nadie se lo creía. Excepto, claro, sus tres amigos, que parecían casi al borde las lágrimas, nadie sabe por qué, y Koji, que aunque humillantemente derrotado por su hermano mayor, parecía estar muy orgulloso de haber dado tanta batalla. Cabe decir que casi toda la clase reprobó el debate porque, o no se atrevían a meterse en la guerra verbal entre los hermano, o porque se habían quedado embelesados ante una discusión tan bien…discutida. En ningún momento se faltó el respeto y nunca gritaron; y sin embargo, parecía un duelo a muerte.
Su habilidad con los deportes era algo que, asimismo, parecía incrementarse mientras más tiempo pasaba desde la llegada de Koji.
Ahora ya no parecía que estaba a punto de desmayarse en cada clase de gimnasia. Corría mucho más rápido que antes, al menos más rápido que las chicas, y su resistencia a ejercicios de larga duración era, por creces, mayor que la de los demás. En el evento deportivo que tuvieron un mes luego de que llegara Koji, fueron los gemelos los que lograron que ganara su clase. Participaron, entre los dos, en todas las pruebas. Claro que esto fue, Jimmy escuchó, obra del puro capricho de Koji. En fin, debido a la renovada, y bastante útil, habilidad de Nobuyuki con los deportes, obtuvieron bastantes puntos en muchas pruebas, si es que no las ganaron.
- ¿No crees que es un poco extraño? – le preguntaron una vez a Jimmy. – Llegó Koji casi terminando el año y repentinamente Tsukishiro muestra algo de mejora.
- ¡Es cierto! – exclamó una chica a la cual jimmy no conocía. – Además, ¿no creen que ahora se ve mejor?
En efecto, cuando miraban a Nobuyuki, lo que se esperaba era que pareciera aún más enfermizo con la repentina y molesta llegada de su gemelo, pero era todo lo contrario. Parecía, de cierta forma, más aliviado. Se le veía un poco más seguro, ya no se encorvaba, y miraba a la gente a los ojos cuando le hablaban.
Sin duda, parecía diferente.
Pero diferente no es siempre malo.


Jimmy estaba muy equivocado. No, no en el hecho de que diferente no es siempre malo, en el hecho de que Nobuyuki ¨parecía diferente¨. Era porque es enteramente diferente.
No que de la nada fuera un engreído o que se sintiese superior a los demás, no era nada de eso.
Aunque todos, internamente, se esperaban algo parecido, con el cambio de Nobuyuki, la forma en la que se enteraron fue un poco aterradora para todos.
Todo comenzó cuando faltaba ya casi un mes para el fin de clases, y los del salón estaban preparando una pequeña fiesta de Navidad. Sería bueno como actividad de integración, pensaron.
Pues sí, en algo tuvieron razón. Todos se repartieron las tareas en orden de lograr una existosa, todos se esmeraron en hacer algo que recordaran por mucho tiempo, después de todo, era su última fiesta juntos como alumnos de último año de preparatoria.
Bueno, se dividieron en grupos de manera que cada uno pudiese trabajar con lo que le sea más cómodo. Había un grupo de decoradores, un grupo que se encargaría de las bebidas y la comida, otro que estaría a cargo del entretenimiento y otro que, como no querían hacer otra cosa, eran los encargados de ir a comprar los materiales que se necesiten. Jimmy estaba en el grupo de los decoradores porque, inesperadmente, era muy bueno con manualidades. Nobuyuki, por otro lado, estaba en el grupo que compraba las cosas, con sus amigos, mientras que Koji había decidido, extrañamente sin su hermano, pertenecer al grupo del entretenimiento.
Llegó el día de la fiesta. Habían acordado que la celebrarían en la tarde, con permiso del director, el cual, desde que transifiró a Koji, no les negaba nada.
El salón estaba irreconocible, en el buen sentido.
Habían sacado los pupitres, cayendo en cuenta de que en realidad, tenían un aula bastante grande, y los habían reemplazado por un improvisado escenario, muchas sillas adornadas con lazos de Navidad, y una mesa larga al final donde estaban la comida y bebidas (que, claro, incluía ponche). Las paredes estaban decoradas con guirnaldas verdes y rojas, junto con algunos copos de nieve hechos de papel. También consiguieron, a duras penas por la exigencia del mismo, una máquina de nieve falsa, que en el momento estaba haciendo su trabajo en una esquina, dándole al aula un ambiente más especial, y un poco más frío. Y por supuesto, había un gran árbol de Navidad, cortesía del director, el cual destacaba por los cientos de luces de clores que colgaron, junto con todos los regalo que habían llevado los alumnos.
Al principio, todos simplemente estaban junto a la mesa de comida, pero en cuanto se hizo cargo el equipo de entretenimiento, todos se relajaron muchísimo.
Todo iba bien, pensó Jimmy. Todos se estaban divirtiendo, se reían de los actos de comedia o cantaban a todo pulmón con los alumnos que se atrevieron a cantar en el escenario.
Sin embargo, el que no aparecía por ningún lado era Koji. Era extraño, si alguno de los gemelos pensaba faltar a la fiesta sería Nobuyuki, no Koji. No el Koji que se había ganado el cariño de todos en tan poco tiempo, y que disfrutaba todos los días como si fuese el último. Y pese a todo, al gemelo menor no se le veía por ningún lado, y hasta Nobuyuki, que había estado en una silla hablando con sus amigos, estaba empezando a preocuparse un poco mientras la fiesta llegaba a su fin.
Cuando todos hubieron intercambiado su regalo con la persona que le tocó, empezaron a recoger sus cosas para irse. Por suerte, Koji le había pedido a Nobuyuki que dejara su regalo en su lugar, ya que tal vez no llegaría a tiempo. Fue una suerte, porque sino Jimmy se hubiera quedado sin regalo. Koji le había dado un termo bastante bonito, de metal y con figuras geométricas que iban desde lo bajo hasta desvanecerse en la mitad, no tan bien envuelto en papel de regalo completamente rojo. Un regalo bastante útil, pero lo raro era que tenía una dedicatoria que decía ¨úsala cuando creas necesario¨ junto a una representación bastante mala de si mismo. Además, comprobó Jimmy, el termo estaba lleno de lo que parecía agua con abundante hielo.
Jimmy no reparó mucho en eso y guardó su termo en su maletín.
A Jimmy, por su parte, le había tocado darle un regalo Nobuyuki, y decidió por darle una elegante navaja rusa que encontró en una tienda de antigüedades. Jimmy no dudó mucho en dársela, sólo pensó que se vería bien en él. Al parecer, a Nobuyuki le gustó bastante y lo buscó para darle las gracias, mientras Jimmy le pedía que lo hiciera en su lugar también para su hermano.
Cuando todos ya se estaban despidiendo, Koji entró por la puerta, empapado de agua, y con un extraño traje de color rojo brillante, que parecía uno de esos cheongsam chinos.
-¡Koji! ¿Dónde estabas? – preguntó un chico, el más cercano a la puerta. - ¿Y por qué estás mojado? Ni siquiera está lloviendo afuera.
-Preparación mental – fue lo único que le respondió.
Mientras todos pensaban en lo que dijo, Koji se movió velozmente, tanto que muchos tardaron en comprender qué pasaba, y sólo golpeó a su hermano.
-¡Hey!
-¡¿Qué haces?!
Nobuyuki, que se había caído y chocado contra la mesa de comida, se tocó el labio que le había partido su hermano y secó un poco de la sangre que le salía.
Parecía muy alterado.
-¿Qué piensas hacer, Koji? – preguntó en el tono más amenazador que todos en el aula habían escuahdo.
-Si tú no vas a hacer nada, lo haré yo – respondió, poniéndose nuevamente en una posición que indicaba que volvería a atacar.
Jimmy, ni nadie, entendía que pasaba. Koji era el chico más educado y dulce de la clase, ¡probablemente hasta del colegio! Y de la nada atacaba a su hermano, con un puñetazo tan fuerte que hizo que la mesa contra la que había chocado Nobuyuki se partiera a la mitad.
Ahora, era turno de Nobuyuki de enfadarse.
-¡Hablaste con ellos! – reclamó gritando, no era una pregunta, era un regaño.
-¡Claro que lo hice! – gritó Koji. - ¡¿Cuándo pensabas decírmelo?!
-¡Nunca! ¡Iba a resolverlo de alguna manera sin que te dieras cuenta, Koji! – aulló mientras se ponía de pie con la ayuda de sus amigos, que miraban preocupados entre los gemelos.
-Koji, creo que este no es el mejor momento para…
-¡No digas nada, Noir! ¡Es asunto de familia!
-¡Cálmate, Koji! – se interpuso Lucian, el delincuente.
-Hay que hablar esto afuera, estás asustando a los demás…
-¡No me importa que los demás se enteren! ¡Por mí, pueden saberlo todo!
-¡Koji, no!
Pero muy tarde, Koji estaba en camino al escenario, tomando el micrófono que todavía no habían guardado los de entretenimiento.
-¡¿Quieren saber por qué me transferí aquí?! – Koji esperó en el silencio de los demás, que tomó como afirmativa. Todos querían saber qué estaba pasando. - ¡Vine porque me dijeron que mi hermano gemelo, el cual no había visto desde la infancia, estaba haciendo el ridículo en una preparatoria en medio de la nada, para no dañarme!
En este punto, todo era extraño. ¿No había visto? ¿Qué todo era fingido?
-¡Koji, este no es el momento! – exasperó Dean.
-¡Es el único momento! ¡Claro que no dejaré que mi hermano pase la eternidad en la miseria por mí! – lloró.
Todo lo que podía sentir Jimmy por Koji, era pena. El chico estaba llorando con todo lo que podía sobre como ahora podía protegerse a sí mismo, que ya no necesitaba nada, y que quería que todo fuese como era antes.
Nobuyuki se fue acercando lentamente al escenario, sujetó el micrófono de las manos de su hermano, y le dio un ligero golpe en la cabeza con él.
- Esto es por el puñetazo – le dijo, dándole una media sonrisa antes de voltearse a los demás.
- Siento todo lo que ha pasado con mi hermano, pero tiene razón. Es mejor que sepan esto por mí y no por otros.
Empezó, primero contando la historia de su familia. Resulta que no eran simples japoneses, eran hijos de un famoso mafioso. Un yakuza, sería el término más adecuado.
- Mis padres tenían poder – explicó. – En sus días.
Los padres de los gemelos habían sido derrocados por uno de sus subordinados, que había convocado algo parecido a un ¨golpe de estado¨. Por suerte, escaparon, y se refugiaron en un departamento muy lejos de allí. Vivieron, los cuatro, una vida no muy cómoda, con el constante peligro de que los rastrearan en cualquier momento.
Lo cual, eventualmente, lograron.
Era un día cualquiera, Nobuyuki tenía un examen de ingreso para un colegio de la zona, y no podía perdérselo. Iba a estar bien aunque dejara de preocuparse tanto, le decía su dulce madre, pues era un niño muy inteligente. Koji, en cambio, se quedaba en casa para ayudar a su madre, o iba con su padre a ayudarlo a buscar trabajo. No era mucho de estudios, y sus padres estaban de acuerdo en que busque lo que lo haga más feliz.
Nobuyuki fue, dió el examen, y regresó contento a su casa, le había ido muy bien. Sin embargo, al llegar, encontró todo desordenado, las paredes ahuecada, las ventanas rotas, y sin su madre.
Después de eso, se enteraron de que su madre había muerto al tratar de huir aquellos que los encontraron. Empezaron a mudarse mucho, a veces hasta dos viajes por año. Su padre estaba destruido, y pronto lo declararon incapaz de cuidar a sus hijos. Los separaron a los dos, a hogares adoptivos diferentes, hasta que escucharon que su padre murió por depresión, unos tres años después. Se encontraron en el funeral y nunca más se volvieron a ver.
Hasta que claro, Koji lo encontró en una escuela en otro continente y decidió seguirlo.
- Algo así fue lo que pasó con nosotros – continuó Nobuyuki, mientras acariciaba la espalda de su hermano, aún llorando sentado en el piso.
Hubo silencio en el aula, no era información fácil de digerir. Tampoco era una historia que sonara realista.
-¿Cómo sabemos que no estás mintiendo? – preguntó alguien débilmente.
-No lo hace.
Todos se voltearon hacia los tres amigos que se habían quedado en la parte de atrás.
-Nosotros somos los hijos de los que quieren que Nobuyuki tome el cargo de su padre – explicó Dean.
-Hace años ya que la facción que hizo el golpe de estado fue destruida – dijo Lucian.
-Todos estos años hemos tratado de convencer a Nobuyuki de que se hiciera cargo – siguió Noir. – Pero temía que, si se hacía cargo, lastimaran a su hermano, a Koji.
Ahora todos miraban a Nobuyuki, incluso Koji.
-Esa era información que no quería que los demás escucharan – conestó Nobuyuki, un poco avergonzado.
-¿Es cierto? – sollozó Koji. - ¿Me lo escondiste porque no querías que me pasara algo? ¿No porque pensabas que no importaba lo suficiente?
-¡No! No, no, Koji – se inclinó Nobuyuki para acercarse a Koji. – Es cierto que pretendí no ser bueno en relativamente nada (no ser bueno en nada puede ser un poco difícil, a decir verdad). Pero tienes que entender. Si alguno nos encontraba, por destacar en algo, nunca me perdonaría si algo te pasara a ti.
Pasó un súbito momento en el que todos en el salón soltaron un pequeño suspiro, algunos de ternura, otros de exasperación.
-Rayos, por eso rompieron la mesa…
-¡Oh vamos, tienes que admitir que eso fue un poco lindo!
-Sólo quiero saber si es seguro para nosotros ahora que sabemos esto…
-Es completamente seguro, chicos – dijo Dean. – Nuestros padres se encaragán de que estén a salvo.
Mientras Nobuyuki y Koji se alzaban, de repente avergonzados porque recordaron lo que acaba de pasar en público, caminaron un poco cabizbajos hacia la puerta, mientras el humor de los alumnos cambiaba un poco de tenso a uno de curiosidad.
Jimmy recordó entonces su termo.
-¡Nobuyuki! – llamó para captar su atención.
El gemelo mayor se detuvo mientras el menor se excusaba para ir al baño primero.
-Ten toma esto – le dijo mientras le entragaba el termo. – Creo que los ojos de Koji están bastante hinchado por el llanto – rió un poco.
-Creo que tienes razón – concordó Nobuyuki. – Hey, una pregunta…
-¿Sí?
-¿Cómo es que no están tan alterados por todo lo que acaban de escuchar?
-Ah…- suspiró Jimmy. – En realidad, esperábamos algo así.
-¿El hecho de que seamos hijos de mafiosos era algo que esperaban? – preguntó Nobuyuki, alzando una ceja.
-No precisamente – respondió Jimmy. – Pero siempre supimos que había algo diferente en ustdes, algo misterioso.
-¿En serio? – suspiró. – Entonces, estoy muy agradecido de haberlos tenido como compañeros, el poco tiempo que tuvimos juntos.
-Yo también – repondió Jimmy, al tiempo que extendía su mano para estrecharla con Nobuyuki. – Sé que ya vamos a acabar el año, pero si necesitas hablar de algo, siempre puedes contar conmigo – sonrió.
Nobuyuki se le quedó mirando un tiempo, estrechándole la mano, antes de responder.
-Gracias, Jimmy – le djo. – Definitivamente lo tomaré en cuenta.


Muchos años después, Jimmy se encuentra en la oficina de su esposo, jefe de una organización que, antes mafiosa, ahora se dedica a ayudar a las personas, Nobuyuki Tsukishiro, mientras recuerda cómo lo conoció y la manera en que, obviamente, se había enamorado a primera vista. Porque, no es por nada que Jimmy se la pasara observándolo cada vez que podía en la ecuela. Cómo, después de la preparatoria, empezaron a salir, para luego mudarse definitivamente a Japón, junto a Koji, con quien atiende a una universidad cercana. Mientras que Nobuyuki, Dean, Lucian y Noir, se encaragn del ahora, negocio familiar.









Una gran aventura

Cuento escrito por   Margory Gianella De La Cruz Conorana


Estela salió temprano contando sus pasos, tal como lo había aprendido esa mañana, enajenada levantaba sus manos junto al viento tratando de alcanzar las nubes. La gente la notaba pasar, como se ve venir a una tormenta a la espera de la calma. Una señora que la miraba no pudo evitar comentarle a su marido la preocupación que le generaría perder de esa manera a su niña, la soledad que conlleva vivir de esa manera.
La desaparición de su hija la tomó con una calma cansada. Fueron muchas las ocasiones en las que tuvo que recorrer las calles de la ciudad buscándola, preguntando a los vecinos por el paradero de Estela. La familia ya agotada de las constantes dificultades que atravesaban con la crianza de la pequeña la había abandonado hace muchos años, sin su padre, quien tampoco contribuyó en su formación.
Sus salidas de exploración formuladas por su mente despierta e hiperactiva la llevaban a numerosas aventuras. Un día estaba luchando junto a los valientes soldados de una conocida guerra civil y otro jugaba a ser la primera persona en pisar la luna. Su imaginación no tenía límites y le permitía escapar de una realidad de la que solo su madre era testigo. Un día decidió llevar a cabo su más grande aventura, conocer cuál es el río más largo de la ciudad. Ver el libro que encontró un día caminando por la iglesia de su casa, le permitió ver que la naturaleza era hermosa e imprevista así como ella, por eso necesitaba verla. Descubrir su comportamiento, su forma de desarrollarse.
A medida que las horas pasaban, empezaba a preocuparse cada vez más. El lugar donde frecuentemente encontraba a la niña estaba vacío. Por más que preguntaba a la gente si la había visto nadie le daba razón de su paradero. Llego la noche y no supo que más hacer, ni la policía pudo encontrarla. El sonido de su nombre llamado a gritos enturbió las celebraciones de ese día. Las festividades de la ciudad no atenuaron la pérdida de una de las personas más querida por todos.

El cuerpo de la niña fue encontrado la mañana siguiente. Parecía dormida, desprovista de todo dolor que debió sentir al momento de su muerte. La madre lloraba sin cesar, recordando que ya nadie más le hablará de sus aventuras ni contará sus pasos. La ciudad no fue ajena a tal desgracia y le rindió un sentido homenaje que no pudo acallar el dolor de la madre.




Dulce  Halloween

Cuento escrito por   Karen Milagros Palacios López


Ella despertó dando un  grito  que se escuchó  hasta el primer piso del edificio. Su mamá corrió hasta su habitación para averiguar qué  le pasaba - nada- contestó  ella. Siempre era la misma respuesta, su mamá ya estaba cansada de escuchar los gritos de su hija cada mañana . Todos los vecinos  se quejaban de los comportamientos de Lucía , sin embargo nadie sabía la cruda realidad que ella  vivía todas las noches. Lucía y su mamá vivían en un departamento  ubicado en los Suburbios, Estados Unidos ,  se mudaron  a esta zona luego de que falleció el padre de Lucía ; las razones de su muerte  siempre fueron un misterio. El calvario de Lucía empezó en el primer halloween que pasó en los Suburbios.  Lucía, todos los años,  en halloween ,  se alquilaba  un gran vestido , gorra  y zapatos . Esa noche , ella salió a las ocho de su casa para pedir dulces  , sin embargo no conocía bien el vecindario  y se desvió por una zona solitaria. A la mitad de  camino , ella  vio  una gran reja, oxidada, y por encima pasaban volando unos cuervos, algunos se quedaban parados sobre las rejas y  otros seguían volando por los aires. Lucía, curiosa, entró y se dio cuenta que estaba en un bosque.   

En medio del bosque  ,  ella   vio un viejo piano ,  se acercó hacia el  y  al abrir la tapa que cubría  las teclas , del piano,  salió volando viejas partituras , eran tres. Lucía  sabía tocar el piano, se animó a utilizar una de las partituras y empezó. Mientras ella tocaba ,  los cuervos  empezaron a pararse sobre el piano, al parecer la melodía que emite  aquel instrumento  les gusto . Lucía se empezó a impresionar de lo que sucedió , ya que no solo los cuervos estaban parados sobre el piano  , sino,  que,  volaban alrededor de ella  formando un círculo. La muchacha  le tuvo  un poco de temor a los cuervos, pensaba que le podían hacer daño en cualquier momento, pero igual siguió tocando el piano.  Sin embargo, ella  perdió el control del piano ,  se empezó a escuchar   una melodía chillosa . Los cuervos sacaron  sus afiladas garras  y lastimaron  a la muchacha . Lucía dio un fuerte grito que se escuchó  por todo el bosque.  Ella logró escapar de los cuervos, pero llegó a un abismo. Lucía  se dio cuenta del peligro que afrontaba;  intentó frenar para no caer, pero  su vestido era tan largo que se tropezó con el y cayó a las profundidades. Ella   sintió  como el aire pasaba por su cara y  todo el peso de su vestido  hizo    que su caída sea  más rápida .


Todo lo que sucedió después,  no lo recordó  , ya que se quedó inconsciente y tuvo  por seguro que iba a morir. Al despertar,  su  vista estaba  nublada, solo vio  que al frente suyo había una  choza,  pequeña  y   abandonada. A sus costados, ella  vio los mismos árboles que estaban en la entrada del  bosque.  Lucía se levantó y se dio  cuenta de dos cosas: primero, sus heridas, hechas por los cuervos, ya no estaban. Segundo, ella no se encontraba por completo en un bosque, ya que estaba parada sobre una pista, parecía una carretera. Ella creyó que ya no estaba en el bosque , pero aún tenía muchas preguntas en su cabeza. Para acabar con sus dudas, Lucía  entró a la choza lo más rápido que pudo por temor a que los cuervos vuelvan. Adentro, ella  se aventuró por cada rincón que encontró y se daba cuenta que la choza se iba extendiendo más conforme caminaba. Lucía  pensó que ya lo habia visto todo, pero no era así. En el segundo piso, ella  escuchó una voz que  salía de un cuarto y que le dijo :  “Vamos, entra, atrévete,  si puedes. “  Lucía entró y se encontró con una mujer que parecía una princesa , por la corona que llevaba. La princesa  portaba  un vestido negro y en su hombro izquierdo estaba parado un cuervo . Lucía,  vio  al cuervo y  retrocedió un paso , ya que  sus mirada era muy penetrante para ella.

La princesa vio  que Lucía estaba intimidada ,  se aprovechó  de eso para llevar a cabo su vil plan. Primero, empezó a caminar  alrededor de Lucía ; pasaba su varita sobre su cara mientras se reía. Luego, empezó a hacerle muchas preguntas:
-       ¿ Quien te ha dado permiso para entrar a mi bosque ? pequeña ingenua- preguntó  ella
-       Nadie, solo entre por curiosidad , no sabía que esto sucedería- respondió Lucía
-       Interesante- respondió la princesa - Sabes qué les pasa a las mocosas como tu cuando se atreven a entrar a mi bosque- dijo ella  con tono más fulminante
-       No lo se - respondió Lucía 
-       ¡ Mueren ! - respondió la princesa. Ella le enseñó  sus uñas  y  lastimó el labio de Lucía con una de ellas.
-       No, no , no me mate - respondió Lucía, estaba apunto de llorar

La princesa  vio  las lágrimas de Lucía caer y  pensó que podía jugar con los sentimientos de aquella joven , logrando manipularla en vez de matarla , le sería más divertido.
-       Bueno, sé que no tienes la culpa de haber entrado al bosque.  A veces,  soy algo torpe  y dejo  la reja abierta - dijo la princesa
-       ¿ En serio? Entonces podré  salir de aquí- dijo Lucía
-        ¡ No ! - respondió la princesa con un tono lleno de burla 
-       ¿ Entonces? -  preguntó Lucía
-       Haremos un pacto- dijo la reina- dime lo que más deseas en la vida y yo misma te  lo daré

Lucía, se quedó pensando por unos minutos , sabía lo que le pediría  a  tan maliciosa mujer. Quizás,   ella  le diría que fue lo que le causó  la muerte a su padre, temía a las consecuencias, pero, era la única solución.

Entonces Lucía le respondió a la princesa :

-       ¿ Por qué murió  mi padre? - dijo Lucía, con tono muy seguro
-       Interesante, pero no te daré la respuesta - respondió la princesa
-        ¡ Que ! - dijo Lucía , muy amarga-  Me prometiste que me concederías cualquier deseo que yo pida- argumento 
-       Tranquila- dijo la princesa ,con una pequeña risa - si te dire  que  le causó la muerte  a tu padre , pero no ahorita. La respuesta te la  enviare a  traves  señales - respondió
-       ¿ Señales? - dijo Lucía
-       Sí, señales.  Por ahora  te regresare a tu casa y no le dirás a nadie lo que vistes en el bosque, lo que pasó  ahorita y mucho menos como llegastes acá, entendido- dijo la princesa
-       Entendido- respondió Lucía

La princesa tomó su varita mágica ,  lo  puso sobre la cabeza de Lucía y la regresó a su casa. Lucía despertó en su cama, ya había amanecido . Ella preguntó  qué tenía la princesa preparado para ella.  Ese mismo día, a la hora del almuerzo,  vio unos  gusanos en la sopa y  empezó a gritar- ¿ Qué sucede? - preguntó su mamá - no ves los gusanos que tiene esta sopa- respondió Lucía- ¿ Qué gusanos? no veo nada  más que  fideos- dijo su mamá. Lucía miró  el plato,  los gusanos habían  desaparecido y  su mamá se dirigió de nuevo a la cocina. En el comedor , Lucía se quedó sola y  pensó que solo se trataba de un susto por lo sucedido en halloween, pero  en la sopa apareció una fecha escrita en sangre que decía : 7 de mayo. Ella casi volvió  a gritar del susto y  solo se tapo la boca , con sus manos,   para que su mama no la escuche llorar.  La fecha en el plato era el día que falleció el papá de Lucía , las señales estaban empezando.

Así fue como empezó una serie de acontecimientos , en la vida de Lucía,  que le trajeron muchas pesadillas y sustos . Primero, fue lo  de la sopa, todos los días era lo mismo. Ella  veía gusanos en el plato que luego desaparecen   de un momento a otro , evitaba gritar , ya que sabía  que su mamá no los vería. Al pasar unos  meses, Lucía  tuvo  una serie de pesadillas, en el cual soñaba que un hombre, disfrazado de la muerte , la perseguía , en  su casa  , con   un hacha,   y al final del sueño este la termina  matando tirándole el hacha en el pecho.

Lucía, todas las mañanas, debido a las pesadillas,   despertaba   dando fuertes gritos . Al año siguiente,  no solo eran pesadillas y gusanos, sino que escuchaba unas  voces. Ella , al principio, no entendía las palabras exactas de esas voces que sonaban en su mente . Al pasar unos  días ,  Lucía empezó a entender  una que otra palabra. Logró identificar que la voz le pertenecía a una mujer y a un hombre en una discusión. Esto era perturbador para ella , en algunos momentos, sobre todo,  cuando estaba en el instituto , ya que no se podía concentrar , sus notas empezaron a bajar. Su mamá se preguntaba que tenía su hija que desde el halloween la notaba muy distinta.

Sin embargo, en  una noche todo cambió , el sueño terminó  diferente a lo que ella se esperaba: todo comenzó igual vio a la muerte, con su  hacha,  en la puerta de su casa, esperándola . Ella lo vio y sintió mucho miedo , las manos le temblaban y sudaban, pero ya cansada de todos los sustos que se estaba llevando , luego del halloween , decidió desafiarlo. Lucía pensó en  quitarle  a la muerte  aquella túnica que  cubría su identidad . Ella corrió contra la muerte, sin embargo  este  se defendió  con su hacha y le hizo  un pequeño corte en el brazo. Lucía se dio  cuenta que no había forma de descubrir su identidad atino a correr lo más rápido que pudo , no pudo entrar a ninguna  habitación para esconderse, todo  estaba con llave. Subió al segundo piso , pero todo estaba cerrado . Lucía ya estaba cansada de que la muerte siempre la asesine en sus sueños. Sintió  que aquella princesa la había engañado y que nunca le dio una señal sobre la muerte de su padre , que todo fue una farsa , para solo darle una lección y que no entrara mas al bosque.

Lucía  subió al techo de su casa, la muerte la alcanzó, como siempre, ya no había más salida , solo morir. Esta se le fue acercando poco a poco , con su hacha, dispuesta a matarla de un solo hachazo hasta que fue interrumpido esto por una misteriosa mujer , que también llevaba un hacha,  quien mato a la muerte. La mujer desapareció de inmediato , saltó  por los techos para escaparse . Lucía, con un poco de miedo, movió el cadáver y descubrió  quién se escondía bajo esa túnica negra , era su padre. Ella, con  lágrimas en los ojos , abrazó al cadáver , hasta que vio que su polo se mancho  de sangre, esto no la asustó, pero  cuando miró de nuevo al cadáver,  ya no estaba. Lucía despertó,  gritando, como todos los días.  Su mamá corrió hasta su habitación para averiguar qué pasaba- nada- contestó  Lucía,  su mamá salió  amarga de la habitación.


Lucía, más calmada ,  se cambió  para irse a la escuela, pero no encontraba sus  zapatos. Ella buscó sus zapatos, debajo de su cama, pero encontró una pala en su lugar, esto la asustó. Lucía escuchó  una voz que le dijo : ¡ Ve al jardín y encontrarás tu respuesta ! Lucía, desesperada, corrió al jardín que estaba a la espalda de su edificio. Ella, en el jardín ,  vio como unos gusanos empezaron a salir de sus zapatos  y en el aire volaban unos cuervos  ; no lo dudo más y   cabo lo más rápido que pudo. Finalmente, luego de cinco minutos, la pala chocó contra algo. Lucía   sacó toda la tierra que lo cubría , era el cuerpo de su papá. Él  sostenía un hacha entre las manos, aún se podían ver manchas de sangre en su ropa. Lucía tenía en su cabeza  muchas interrogantes , pero lo que ella se preguntaba, sobre todo, era: “¿Como el cadáver de papá  puede estar en este jardín si nunca planeamos mudarnos hasta que el murió?”  Los pensamientos de Lucía  fueron interrumpidos por su mamá , quien dio un grito de furia y desesperación en un tono que ella jamás había escuchado. Lucía  empezó   a recordar la voz de aquella mujer que oía en sus pensamientos , desde el año pasado, era semejante a la de su madre , en ese momento. Lucía tuvo un dolor de  cabeza insoportable  , cierra los ojos, sintió  que estaba  volviendo a su último sueño y identifica  a la mujer que mató a la muerte, era su madre. 


Una Última Aventura


Cuento escrito por Sebastian Carrillo Cortez




A mitad de la carretera, en el momento del día cuando no hallas sombra a menos que estés parado justo debajo de alguna estructura que simule un techo como, en este caso, una gasolinera. Esta pareja está llenando de combustible su pequeño auto color guinda despintado. Es una pareja casada, lo dejaron claro cuando entraron al minimarket de la gasolinera y como si no hubiera nadie más, discutieron en voz alta sobre cómo cambiará su vida una vez que se divorcien.

La escandalosa pareja sale del minimarket dejando atrás a los incomodados clientes. De pronto, la mujer se cubre la boca del asombro. El hombre no lo puede creer. Corren hacia el encargado de echar la gasolina, quien se encuentra aterrado. — M-m-me caí de la nada y el a-auto encendió, y-y aceleró. El hombre enfadado— ¡Te dije que algo andaba mal con esa chatarra, Catalina!— Los papeles del divorcio estaban dentro —añadió ella. El hombre suspira— Dios. —Y le pregunta al joven encargado– ¿Lograste alcanzar a ver en qué dirección huyó el tipo? No es un auto mágico, alguien o algo debió de conducirlo. —A-al Norte —responde aún impactado por lo que vio. Catalina camina hacia la carretera tratando de atrapar al ladrón con su mirada. Voltea a ver a su esposo. Ahí es adonde nos dirigíamos, Eduardo. — Así es, al pueblo de La Rivera. Ahora sólo tenemos que alcanzarlo. —

En la carretera, un auto compacto de un tono de rojo con la carcasa rasgada pasa a gran velocidad un cartel al lado de la vía que indica “Usted se aproxima a La Rivera, un pueblo realmente agradable.” El hombre que maneja no se encuentra nervioso, por el contrario, ya ha logrado su objetivo. Bueno, está a unos cuantos kilómetros de alcanzarlo. “POK” “POK” se oye en el auto, el hombre mira los asientos traseros. No hay nada. De pronto el auto choca violentamente contra un grueso árbol, el cual hace que el auto salga volando por los aires mientras el hombre, en su interior– pareciera que ese árbol salió de la nada —. El carro da un par de vueltas de campana liberando tantos pedazos sueltos de su carrocería a su paso. Finalmente, el auto se detiene.

Una semana antes. — ¡En qué le puedo ayudar, caballero! ¿Está buscando alguna marca en especial o tal vez algún modelo: escarabajo, descapotables? En la feria de autos usados de Esad, encontrará lo que realmente su corazón y bolsillo buscan. — Necesito un auto rápido pero que no lo aparente. —Dice un hombre—. Tengo uno de los 70s, te sorprenderá lo rápido que acelera. Es de  color guinda y está bien conservado. –dice el vendedor. El hombre responde que lo comprará. –Muy bien. Necesitaré su nombre, caballero — Es Julio.

Resulta que Julio es un caza-aventuras que se enfrenta a seres mágicos y vela por la protección de los inocentes que son llevados a la corrupción al entrar en contacto con estos seres y artefactos extraordinarios. Julio baja de su auto nuevo, parece que se encuentra en un valle  soleado con prados verdes, solo que justo donde está parado él, el sol no brilla, ni el pasto se muestra vivo. Donde está realmente Julio es en la entrada de una mansión aparentemente abandonada en medio de un valle. Con nada más que su moneda de la suerte y una espada de Ere, se adentra en la casona. —Veo que conseguiste una nueva movilidad terrenal. —se escucha. Julio se pone en guardia. — ¿Por qué traes eso? Sabes que no sirve conmigo. Necesitas algo más… de mi naturaleza. – se escucha desde un rincón. Julio saca su moneda y la lanza al aire. – Es justo lo que necesito. –dice Julio. Y de pronto salta de la oscuridad un ser alto de forma cambiante pero de tonos de morado alternándose constantemente en busca de atrapar la moneda que aún no cae. En ese segundo de vulnerabilidad, Julio le ensarta el filo de la espada en el centro del ser oscuro acabándolo. La espada de Ere empieza a brillar y le devuelve la luz a la mansión y a sus alrededores. Julio se acerca al rincón de donde salió la criatura y recoge un prisma de cristal como reliquia de otro de sus viajes. Caminando hacia el carro, siente que el prisma empieza a corromper el sendero por donde estaba pasando, así que lo mete en una caja especial que contiene las propiedades de los objetos mágicos. Enciende el auto y mira en el retrovisor. Cree que lo mejor es deshacerse de ese artefacto en un lugar donde nadie lo pueda encontrar, entonces recordó el abismo infinito sobre el cual se construyó el pueblo de La Rivera. — debo deshacerme de este prisma antes de que caiga en las manos equivocadas. –

Devuelta al presente, la pareja sale a la carretera y antes de ver a un auto acercándose, se escucha “Long train running” saliendo de sus ventanas. Catalina flexiona las piernas y Eduardo cierra los ojos para concentrarse. De pronto Catalina hace un movimiento delicado con sus brazos y un árbol crece en frente del auto que se aproximaba hacia ellos y lo logra detener. Suben rápidamente al auto y se van camino al pueblo de La Rivera. Eduardo va manejando y Catalina está a su derecha, ella nota el letrero de “Usted se aproxima a La Rivera, un pueblo realmente agradable.” Y al rato Eduardo empieza a divisar el auto guinda con Julio adentro, quien ya no va a gran velocidad. Catalina hace nuevamente gestos dulces con sus brazos y brota un árbol del concreto. El auto de Julio sale volando por los aires dando vueltas y golpeándose con el suelo.

Unos días antes, al Sur. – deberíamos sacarle una copia porsiacaso, Eduardo. –sugiere Catalina. – te preocupas innecesariamente. –le responde. “Riiiing”. Eduardo contesta– ¿aló? Hum. –Eduardo mira a Catalina y le dice– una última aventura –ella le da señas de que no acepte. – Mire, ahora estamos en un proceso complicado de papeleos y carecemos de tiempo para atender sus asun-- —Catalina lo mira con extrañes y le pregunta— ¿Qué sucede? — Aceptamos. Sí. No sé preocupe. Ajá. Está bien. —Y Eduardo cuelga el teléfono. — ¿Qué fue eso? —pregunta Catalina. Eduardo le explica que un señor ha llamado requiriendo sus servicios extraordinarios para quitarle el auto a un hombre que le debe dinero y que le lleven el auto al pueblo de La Rivera. Catalina lo piensa, le dice que tal vez también podrán divorciarse allí de paso. — perfecto –dice Eduardo.
Unos días aún más antes, después de que Julio haya fijado el destino del prisma corrupto. Julio se encuentra en el camino. Ya ha manejado unas 7 horas, necesita descansar. — bueno, creo que una pestañada no me hará mal. Además, ¿qué podría suceder? —piensa Julio. — Pero primero, lo primero. — Julio se aleja del auto para despejarse y tomar aire. Se escucha que las puertas se abren y cierran, y luego para cuando Julio reacciona ya es tarde. A la pareja le sorprende la rapidez con la que acelera.

Ahora sí, en el presente. Julio reacciona y se despierta, el auto no quedó tan mal después de la coalición. Julio ve a un carro acercándose, sabe que es la misma pareja que le robó el mismo carro aquella noche. Está muy adolorido como para defenderse de alguna manera. Eduardo se acerca mientras catalina le advierte— ten cuidado —. Julio, entonces, se camufla haciéndose invisible. Cuando Eduardo se agacha para ver si hay alguien dentro dice en voz alta—No está aquí. –Catalina mira a su alrededor. — cielo, ya puedes subir. Tenemos que llegar antes de que oscurezca. —Mientras Catalina le preguntaba cómo es posible que Julio se haya esfumado de la nada, este se escabullía atraves de los asientos sin hacer ruido. La pareja abordó el auto y se puso en marcha. Ya se puede ver el pueblo a lo lejos. Catalina se acuerda y saca del compartimiento del copiloto los papeles del divorcio que había dejado ahí y los mira por un rato. Eduardo lo nota. Justo atrás de ellos, Julio trata de asegurar la caja para que la fuerza corrupta no se esparza fuera de la caja y menos, fuera del auto. Llegan a la entrada del pueblo de La Rivera.

Una casona, la última mansión de la última calle del último vecindario, justamente al lado del Abismo Infinito se encuentra un hombre alto y con patillas esperando en su puerta paciente. La pareja se mira. Eduardo le señala la casona— es ahí. —Julio asoma su cabeza invisible. Y de inmediato piensa en simplemente salir corriendo del auto y tirar el prisma al infinito. La pareja baja del carro y se acerca al hombre. —este es el auto que pidió que sea tomado, lo hemos hecho. –Afirma Eduardo. —Bien. Y no se toparon con algún loco dentro de él. — ¿su amigo? Nos decisimos de él sin problema. — Muy bien. Tomen su paga, ahora déjenme el carro. — es todo suyo. —La pareja se marcha junta. Eduardo le recuerda— la última aventura. —ya se están yendo. Sorpresivamente  sale Julio estrepitosamente con el prisma en su mano. El hombre alto le pregunta— ¿me reconoces? Julio no lo puede creer, ¡¿cómo es posible que siga vivo?! Sólo atina a amenazarlo con lanzar el prisma al infinito. El hombre se enfurece. La pareja voltea sorprendida con lo que ven. El maniaco “hombre” mira directamente a la pareja— ¡Traidores! —Julio no es tan rápido para hacer algo y es ahí cuando Eduardo es atravesado por el brazo estaca del hombre quien deja agonizando a Eduardo y se dirige hacia Catalina. A pesar del inútil esfuerzo de Eduardo, el hombre es distraído en el instante antes de matar a Catalina con la moneda de la suerte, la cual pasa lentamente en frente al enfurecido ser en dirección al vacío del abismo infinito. Aunque el impulso es fuerte, el hombre lo logra resistir. Voltea hacia Julio— ¿crees que soy el mismo? Ese prisma me hacía fuerte, así que cuando me lo arrebataste, casi desaparezco. Afortunadamente me adherí a este cuerpo. Ya no soy débil, no puedo salir de este cuerpo, pero ya no caigo en trucos baratos en donde llenas de Ribic una moneda para hacérmela irresistible. Ahora. Soy. —Catalina interrumpe— ¿mortal? —mientras lo atraviesa con un árbol dejándolo incrustado en lo alto. —Aaarrgghh —el ser corrupto empieza a agonizar.

Julio mete el prisma dentro de una caja aisladora de magia, dentro de otra caja aisladora de magia, dentro de otra y otra, y las esconde en lo más recóndito del auto. Lo lleva al borde del abismo. Julio se le acerca a Catalina y le dice—lo siento. –El ser deja de respirar— ¿qué hacemos con él? –pregunta Julio. Y Catalina hace salir raíces a la superficie y estas se llevan al hombre a lo profundo de la tierra. Luego entierran de manera más digna a Eduardo. — ¿me puedes ayudar con algo? –Catalina acepta. Y mientras juntos empujan el carro al abismo Julio le comenta— Hay muchas más amenazas mágicas como esta allá afuera. Comenzando con este pueblo.


Fin.

domingo, 22 de mayo de 2016

Las elecciones y los derechos laborales



Los desocupados, de Ricardo Carpani



Las elecciones y los derechos laborales
Por Henry Rivas Sucari



“En una sociedad basada en la explotación y la servidumbre, la naturaleza humana se degrada”.

Piotr Kropotkin



Es curioso que en estas elecciones el panorama de promesas se circunscribe al populismo barato, la demagogia estéril y la mentira o la calumnia disfrazada de crítica; no obstante, no se dice nada, en lo absoluto, sobre una reforma positiva al sistema que comprende los derechos laborales de los trabajadores peruanos.

Los adversarios, PPK y Keiko Fujimori, solo discuten sobre pequeñas costuras al modelo neoliberal. Las reformas que proponen, más que mejorar la condición, derecho y dignidad del trabajador peruano, siguen la lógica y filosofía de Alan García y su “cholo barato” con que intentaba, según él, animar a los inversionistas extranjeros.

Por ejemplo, debaten en una forma irrisoria sobre la CTS y el seguro de desempleo. PPK y su equipo proponen el segundo para los nuevos trabajadores. En consecuencia, entonces, el empresario peruano despedirá, paulatinamente, a sus empleados[1] para recontratarlos después con el denominado seguro de desempleo. Este es más barato y  reduce los costos laborales. Por lo tanto, para el equipo de PPK, ese es un incentivo mayúsculo para la empresa privada peruana, ya que, según ellos, los altos costos laborales peruanos alejan las inversiones.

¿Estará enterado PPK o Keiko que el Perú es uno de los países que presenta el mayor número de violaciones sistemáticas a los derechos laborales?[2]  Sí, estamos en la misma categoría, 4, con Nepal, Nigeria, Irán, Irak, Sierra Leona, entre otros. La descripción de esta categoría implica la participación de las empresas privadas y el Estado para no reconocer los derechos laborales de su población.

¿Estarán enterados que en el 2013 seis empresas trasnacionales de confecciones le escribieron al presidente Humala sobre su preocupación debido a que el Decreto Ley 22342 permite la violación sistemática de los derechos de los trabajadores textiles?
Por supuesto que están bien enterados, pero no se manifiestan. Esta norma viola los derechos de libre sindicación, negociar colectivamente, derechos por antigüedad, cobertura médica, retiro, etc. Además, permite a las grandes empresas textiles peruanas emplear operarios por corto tiempo, inclusive a solo  un mes; es decir, ponen en práctica la gran filosofía de desarrollo humano denominada como la del “cholo barato”, patentada por García.

Pero a nuestros candidatos más les importa negociar con los mineros informales o bailar en los programas de televisión basura que proponer medidas contra la explotación de los trabajadores.

No se han pronunciado, tampoco,  sobre la necesidad de una nueva ley sobre las utilidades de las empresas mineras. La ley Yanacocha (como la denominan por el increíble lobby congresal que la hizo aprobar)   limita  a 18 sueldos el derecho de los trabajadores sobre este ingreso. Esta medida no solo es injusta, sino arbitraria. ¿Con qué criterio se limita el derecho del trabajador minero a una plusvalía que le corresponde por su trabajo? ¿Acaso existe o hubo límites de ingreso por regalías a las empresas mineras?

Por ello, creo que es necesaria una nueva ley de reparto de utilidades para los trabajadores mineros. Se ha desvirtuado la misma con el tope de 18 sueldos y la entrega de los remanentes a los gobiernos regionales, esos que construyen estadios en pueblos pequeños o hacen monumentos a la maca.

Pero nuestros políticos son bastante tontos, o demasiado corruptos. No entienden que no existe mejor política que el dinero en los bolsillos de la gente.

Pero eso parece no importarles a nuestros candidatos, cuya preocupación máxima es la tranquilidad y “confianza” de los empresarios.  Por eso, jamás piensan en la “confianza y tranquilidad” del pueblo peruano. No toman en cuenta que los representantes de este sistema, o mayordomos, mejor dicho, como Toledo, García, Ollanta, terminan bajo el desprecio de sus votantes.

Lo peor es que la mayor parte de la población, que no tiene derechos laborales, CTS, vacaciones, etc., votará feliz por alguno de estos dos candidatos, pues cree que los representan. Los  explotados eligen a sus verdugos: la primera, Keiko, representante del gobierno cuya nueva constitución acabó con la estabilidad laboral y las conquistas de los trabajadores que costaron tantas muertes y sacrificios de ilustres peruanos; el segundo, PPK, aquel que apoyaba la denominada Ley Pulpín, que no es otra cosa que una explotación juvenil disfrazada legalmente. 

Esta elección se ha convertido en  una competencia por quién elimina los pocos derechos laborales que quedan. A nuestros candidatos no les importa la salud, la vivienda, la solidaridad, la educación, las vacaciones, el descanso o la participación de utilidades para los trabajadores peruanos. Solo les importa agacharse y ponerse de espaldas a las grandes corporaciones para obtener el favor de su capital. Por ello, las utilidades de las mineras tienen un tope (18 sueldos) para sus trabajadores, pero no para ellos. Y con el sobrante se dona, a veces, a las regiones o localidades para hacer creer que esas obras son la “caridad” de las empresas y no el sudor de sus empleados.

Nuestros candidatos no están interesados en resolver las injusticias de los trabajadores que en las tiendas por departamentos laboran 14 horas y cobrar por 8, porque les están haciendo un favor al darles un empleo.

Por ello, también, no nos sorprende que contribuyan a la idea de colonizar nuestro pensamiento para tomar como normal la idea de que está prohibido formar sindicatos. Y lo aceptamos muy bien, felices, creyendo que nos hacen un favor al enriquecerse con nuestro trabajo, que como decía Marx, es vida, y convertirlo en unas utilidades cuyas plusvalías no nos corresponden, porque hemos aprendido que es “normal” que nos compren la vida de nuestro trabajo por los centavos que nos hacen el favor de regalarnos.

A estos candidatos no les interesa defender los derechos laborales de sus electores ni la salud de su pueblo. No les interesa nada.  Es más, compiten por ver quién es el más fujimorista, y colaboran porque no quede ya un atisbo de dignidad en el trabajador.

Luego, aludirán a que ese eufemismo denominado “colaborador” disfrace su verdadero significado, por el de “esclavitud”, o la nueva categoría creada por García para el aplauso de los corifeos neoliberales, la del “cholo barato”.  

 ¿Cuándo dejaremos de verles la cara a nuestros verdugos para enfrentarnos a ellos, a esos canallas que parasitan al Perú? Yo creo que pronto. La dictadura empresarial ha recobrado su “confianza”, pues cualquiera de sus dos candidatos no moverá un alfiler para defender los derechos laborales; sin embargo, lo que no entienden es que somos la mayoría, y así como los pusimos, los podemos sacar. No en vano vivieron aquí un Vallejo y un Mariátegui, y ese tayta Arguedas que soñaba feliz con un país que rompa los grilletes de la explotación, donde uno pueda vivir feliz  todas las patrias.




[1] Antes se les llamaba “obreros”; luego, “trabajadores”, “empleados”; y ahora “colaboradores”, como eufemismo al concepto de “esclavo”.
[2] Según el Portal de la Confederación  Sindical Internacional, http://www.ituc-csi.org/nuevo-indice-global-de-los?lang=es