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miércoles, 6 de marzo de 2019

A PROPÓSITO DE «JAPÓN EN LA LITERATURA PERUANA»



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Por Miguel Gonzales Corrales

        Escritor 


Cuando llegó a mis manos, hace poco, el libro de César Ángeles Caballero, «Japón en la literatura peruana», me llamó mucho la atención pues, pensé, en un primer momento, que se trataba de un compendio de autores japoneses, cuyas obras ignoraba en relación con otros tantos de Perú de los que sí conozco. Sin embrago, cuando empecé a leer, desde el Prólogo, fui entendiendo el propósito del texto. Su repercusión e influencia de poetas japoneses en algunos poetas peruanos, una mezcla de la cultura del Sol Naciente a favor de los hijos del Sol. Entonces, dicho prólogo mencionaba que desde hace tiempo hubo escritores peruanos, desde nuestros clásicos, que han tomado elementos orientales para sus obras literarias. Pero lo que realmente abre este fastuoso mundo peruano-japonés es la Introducción del mismo Ángeles Caballero cuando explica el porqué de la recopilación de los textos que están allí y abre un panorama de lo que irá explicando en cada uno de las seis partes de la que consta el libro, explorando los siguiente terrenos del saber humano entre Japón y Perú, a saber: Ensayo, Crónica, Poesía, Teatro, Narrativa y Lingüística.

Además, lo más interesante de este trabajo literario es que  los ensayos que agrupan su riquísimo material exploratorio de aprendizaje cultural, están en lo diferentes trabajos realizados por importantísimas figuras de la literatura peruana, escritores que viajaron por Japón y trajeron un valiosísimo aporte a este lado del mundo. Los avezados conocedores de este trajo que recopila Ángeles Caballero son: Estuardo Núñez, Javier Sologuren, Elsa Berisso, Alfonso Cisneros Cox, Sebastián Salazar Bondy, Aurelio Miró Quesada Sosa, Alberto Tauro, Emilia Barrantes, Manuel Jesús Orbegoso, José María Eguren, José Watanabe y Ernesto Lierer ( quien se ocupa del caso de Introducción a la Lengua japonesa). Por ende, dicho trabajo literario es un aporte documental de varios temas que se exploran en torno a la idiosincrasia japonesa y sobre todo a su arte, como es el de la Literatura.
Cuando se ingresa a ese mundo fastuoso de los temas que he mencionado uno se topa con el trabajo extenso de Estuardo Núñez, quien explora al Japón y escribe una especie de impresiones de lo que le cautivó de esa sociedad, tan distante a nosotros, todavía en aquellos años de 1989, época por donde viajó. Núñez elabora una especie de mapeo donde resalta el valor de sus colegas literatos como Luis Loayza y Francisco Miró Quesada que viajaron al Japón para traer las novedades que engalanaron los diarios y estamentos culturales de la Lima de 1959-60.  Claro está que esto solo es referencia, pero lo más destacado es cuando elabora esas características propias de un perspicaz viajero que no quiere dejar nada al aire. Así nos refiere algo de historia sobre el viajero Marco Polo quien llegó al Japón hacía muchos siglos atrás, allá por el Renacimiento Italiano. Nos señala y analiza cómo los simbolistas franceses también se inspiraron en el pasado literario japonés.  Nos señala, además, que la primera forma literaria que se conoce del Japón en Perú  se da allá por 1630, cuando el padre Juan de Ayllón saca a la luz el texto: «La fiesta de canonización de 23 mártires japoneses» quienes sucumbieron en un naufragio frente a las costas de Acapulco. 

Así, de igual  modo, habla de que nuestros poetas Románticos como Althaus y Nicolás Corpancho se inspiraron en la poesía japonesa para crear sus obras románticas en el siglo XIX.  Y en el modernismo, incluso, un poema del célebre de Manuel González Prada que incluye en «Exóticas», que se intitula «La incertidumbre Kuanh Tseo. Lo más resaltante es que nuestro gran simbolista, Eguren, fue un admirador de la poesía japonés, la cual conocía muy bien, es decir, sus artificios literarios, que en parte, adopta su influencia. Sin embargo, aprendemos que las primeras formas de poesía que aparecieron en Japón son el HAI KAI, ya que la característica de la poesía japonesa es la de ser muy breve, sin tanta amalgama de retoricismo ni abundante formulas intelectuales. Esta forma poética, según los rastreos que hacer Núñez, datan del siglo XVI con lo mejor de los poetas japoneses que insertan su lírica sentimental como es el caso de Morikate, Sokan y el famoso poeta Bosho, quien da forma definitiva a la poesía japonesa y de la cual después  vendrá el muy afamado HAIKU (1).  Por ello, los aportes que, finalmente, dan Luis Loayza y Miró Quesada son similares, ya que ellos revaloran la importancia temática, el valor versificador, la elegancia y el tono sobrio y sencillo de aquellas perlas literarias de la poesía.

En cuanto lo que aborda Javier Sologuren en sus variados textos que aparecen en esta recopilación de Ángeles Caballero se percibe el compromiso con la cultura japonesa, ya que como poeta, investiga y ahonda desde el origen de la cultura japonesa. Describe cómo es el ensayo y la maravilla que descubre en ensayistas importantes como es el caso de Tanizaki quien tiene una sensibilidad para rastrear lo que la naturaleza nos ofrece, a los sentidos y a la impresionante maravilla que, en algunos casos, es difícil de percibir por personas comunes. Nos muestra lo que representa el SABI en el Japón, que no son más que las cosas que adoptamos en un mundo donde un color tiene muchos maíces y variaciones. Esto es escrito por Tanizaki como un don de estética y simpleza, que hasta en lo más común se encuentra siempre algo trascendental. Otro ensayista a quien reconoce también es al novelista Yasunari Kawata, quien con un ensayo muy sensible, cuyo título muy sui generis, «Japón y su belleza», retrata el intimismo de narrador nipón. Él interpreta la belleza natural del alma impregnada en su vida la cual no amainará jamás hasta su muerte, incluso este texto de unas 20 páginas fue leído en Estocolmo cuando se le otorgó el Premio Nobel de Literatura en 1968.  La naturaleza de la que habla está cargada de un lirismo hondo y penetrante como si las palabras fueran una saeta que nuestro entendimiento las va asimilando de a poco. Además nos hace un recuento de algunas de sus novelas más importante, cuya narrativa, se asemeja a la poesía por su imperante sensibilidad psicológica en sus personajes, de los cuales no podemos escapar a sus desdichas y necesidades que nos hacen participes de sus intrigas y anhelos. Así hace un breve recorrido por su novela más importante: «País de Nieve». En cambio, cuando se refiere al ensayo propiamente dicho, realiza un recorrido desde sus orígenes que aparece en el siglo XI al XIV, rescatando a dos ensayistas importan tantísimos: Sei Shanagon, con su texto, «Libro de cabecera» y a Urabe Kenko con «El libro del ocio». Además, rescata la primera novela escrita en Japón por una mujer, Murakami  Shikibu, titulada «Gengi Monogatari» (siglo X), cuya faceta documental de historia y política japonesa en la figura de Gengi, una mujer quien comienza a descubrir muchos aspectos que no sabía y que siempre le habían ocultado. Así uno se entera de algunas poesías desde el siglo VII como son los casos de la poesía llamada TANKA o WAKA, «Poema clásico por excelencia» (Japón en la literatura peruana, p. 74), en palabras de Sologuren. También está el BONZO DOGEN del siglo XIII. En medio de estas primeras formas poéticas que evocan la naturaleza y la sensibilidad del mundo, aparecerá el HAIKU, de forma más breve, concisa y estética, alrededor del siglo XIV. Aquí rescata a los poetas clásicos y que no han dejado de ser olvidados por nadie del Japón, cuando se refieran al HAIKU, me refiero a Matsuo Basho y Zeami  Motokiyo. Este último, además fue quien instauró en el Japón el llamado teatro de NOH, una especie de teatro refinado para gente más preparada o culta, cuyas representaciones se solía hacer en un teatro muy famoso que se construyó para ese fin, entretener. Dicho recinto se llamó El teatro KABUKI, en Kioto, antigua capital de la cultura japonesa.  Y hace una larga lista de autores que se dedican al género dramático: Kobo Abe, Junju Kinoshita, Tsuneari Fukuda, entre otros. También se presenta un sondeo de cierta poesía religiosa del siglo XVI al XIX, entre las que sobresalen el sacerdote Zen y aquellas que se escribieron en las Dinastías de Tugokawa y la Hein, épocas altamente artísticas, pues no solo se nutrieron de teatro y poesía, sino además de pinturas y acuarelas que retratan un Japón místico, paisajista sobrenatural y surrealista.

Sin embrago, lo que me atrajo más dentro del esbozo literario que hace Sologuren, en relación con el Japón, es la comparación narrativa que hace del escritor  Akutagawa con nuestro José María Arguedas. Ambos escritores retratan la sociedad oriunda de sus respectivos países. Akutagawa «Hace una imagen de la crisis intelectual de la sociedad japonesa» (Sologuren, p. 85), pues la modernidad invade al país, lo que hace que su gente se sienta explotada y mancillada porque el choque de una cultura moderna no encaja en la sociedad simple y atrasada de campesinos y pescadores como siempre lo fue el Japón, fuera de Kioto y Tokio. Incluso, esta última, también mostró cierto retraso socio-político como lo retrata en un cuento, «El pañuelo», donde describe ese enfrentamiento que confunde a los japoneses y que la avaricia de Occidente quiere, a como diera lugar, conquistar.  Esto es dolido por la gente nipona porque ellos respetan y admiran su tradición histórica y que, de pronto, llegue algo que trate de borrar y subordinar toda su historia, no es aceptado por ellos. En el caso de Arguedas, como se sabe, aborda el mundo indígena y cómo estos, en sus pueblos pobres y atrasados, aparece la avaricia de los limeños que quieren apoderarse de sus tierras y cometen abusos con su gente. Para qué halar más de Arguedas si su obra es bien estudiada en nuestro Perú, pero que quede muestra de lo que Akutagawa quiso plasmar en su obra, respecto a su patria, Japón.

OTROS AUTORES IMPORTANTES

MURASAKI SHIKIBU.  Esta escritora que apareció en la época de Heain 794-1192 (Sologuren, p. 231) escribió la primera novela que se conoce con nombre propio y con una originalidad exquisita para la época en la que vivió. La obra  a la que me refiero es «El cuento de Jengi» que muestra un «lirismo sutil  y oportuno», realizados con la forma de la poesía Tanka. Este texto que apreció alrededor de 1008 es una hermosa descripción de la naturaleza, llena de aventuras y emociones amorosas, aunque su popularidad no fue muy sobresaliente por el inicio de este tipo de lirismo en Japón. Es una historia muy marcada y precisa para conocer el origen de lo que después será su narrativa. Es considerada en la Literatura Japonesa como un clásico, como en España lo es «Mío Cid» o, aquí en Perú, «Ollantay». Se sabe que Shikibu fue miembro de la Corte, pero ello, ante la autenticidad de su lírica y cultura literaria, no exenta que su obra haya sido conservada y que a lo largo de los siglos su temática y funciones socioculturales se hayan conservado. Por tal razón, hoy se resalta el valor literario de esta obra del siglo X
MATSUO BASHO. El maestro, por excelencia de la poesía Haiku quien vivió entre los años 1644 – 1694. Tuvo una preparación religiosa y por su aprendizaje educacional encontró una forma de expresar al mundo, su sentir sobre la vida y su interior, aun cando fue reconocido a los cuarenta años como un poeta singular y muy apreciado por quienes lo leían, pues el desarrollo del Haiku que logró fue preciso, coloquial y profundo en sus emociones. Quizá la vida de vagabundo y abandono que tuvo por varios años hizo que se humanizara y cuando a los 38 años decidió asentarse en una cabaña, cerca de un bosque de  bananas, en Furukawa (Alfonso Cisneros Cox, p. 107) es donde inicio a crear todo esa gama de poesía que lo hicieron conocido en la poesía de la literatura japonesa y que, posteriormente, sirvió de modelo e influencia para escritores de tiempos ulteriores. Ante la desgracia de un incendio que acabó con su cabaña y paz, continuó escribiendo y cuando logra reunir una cantidad de verso, saca a la luz un libro titulado «Sendas de Oku», donde poesía y narrativa se funden para volar por la imaginación sobresaliente de la naturaleza. Estos poemas son el resultado de un largo peregrinaje que logró plasmar sabiamente en los versos de ese libro, en la que podemos argüir que siempre estuvo consagrado a la poesía y a la naturaleza, a la cual se rinde. Así se nota en este verso:
Recogiendo hacia el mar
Las lluvias de mayor, corre fresco
El río Nogami. (2)

YASUNARI KAWABATA. En cuanto a este narrador Nipón, el más difundido en todo el mundo a raíz de la concesión de Premio Nobel de Literatura en 1968, Ricardo Silva Santisteban, en su ensayo dentro de este libro, «El trasfondo poético en la narrativa de Kawabata», (Santisteban, pp. 115-132) realiza un sondeo por toda la producción literarias de sus novelas, desde «La Danzarina de Izu», 1926, hasta «El maestro de Go». En todo el recorrido literarios, Santisteban analiza las formas de cómo los personajes de cada novela se mueven en torno a situaciones extrañas y a cada paso que dan hay encrucijadas que ponen al descubierto su cargado afán Psicológico donde se ingresa a un mundo interior de diversas formas que permiten conocer las ideas que el autor quiere mostrar en torno, subrepticia u objetivamente, la naturaleza y las descripciones que son ampliadas de lo que fue su ensayo sobre la naturaleza que leyó en la Academia Sueca cuando le entregaron el Premio Nobel (3). Todas sus novelas, al margen de describir impresionantes parajes, detallando sus formas, al mismo tiempo, son una evocación del pasado del autor, su formación de autodidacto que le permitió conocer muchas formas de vida, ya sea en la gran Tokio o en lugares más paisajistas como Kioto y lugares de alrededor. Pero hay que reparar en un  aspecto importante, en el manejo de su lenguaje, muy lírico, que sabe armonizar con precisión, aunque Santisteban, menciona que el engranaje temático de algunas novela de Kawabata no son un secuencia lógica, ya que, al parecer el autor retoma, de cuando en cuando, sus textos, que le faltaba hilar las secuencias de sus escenas, en la trama y fábula de sus personajes. No obstante, esto no mella el valor literario y humano de las novelas de este escritor japonés. Incluso, las voces de los narradores son tan firmes y decididas que no hay duda que la prosa de cada novela es bien lograda para expresar lo necesario y redundar en expresiones que oscurecerían sus textos.
KEZAMBURO OÉ (ENTREVISTA). Otro de los escritores más sobresaliente que tiene Japón, galardonado con el premio Nobel de Literatura en 1994. Esta pequeña reseña que se la hace a este autor de novelas más sociales y de crítica política, así como Yukio Mishima y Kobo Abe, nos presenta a un autor con una carga de novelas simples, pero con un manejo  recargado de ideas y formas literarias que permiten ahondar en los estratos sociales tal como el autor los percibe. Incluso, una breve entrevista que le hace al autor de quien hablo (Sologuren p. 243). Lo más interesante de ello es que Oé resalta la labor de los escritores Latinoamericanos a quienes admira y lee, en sus varias traducciones. Sobre valora y reconoce la influencia que él tiene o pretende tener de García Márquez. Todo ello es una mirada panorámica de la concepción que tiene de la vida y el mudo social que quiere resaltar en sus novelas.

AUTORES PERUANOS QUE ESCRIBIERON BAJO LA INFLUENCIA DEL HAIKU JAPONÉS
Yo conocí que uno de los autores perrunos que escribió en HAIKU, fue el fallecido José Watanabe (     ) y con él entendí por primera vez lo que era un Haiku como poesía porque vi un reportaje que le hicieron allá por 1999, donde él explicaba cómo era la escritura de un HAIKU, pues decía que le interesaba esa poesía breve y como descendiente de japoneses le gustó imitar ese tipo de escritura. Ahora, que leí el libro «Japón en la literatura peruana», José Luis mejía, el autor que escribe sobre este tema, menciona e indaga a varios escritores peruanos que, de alguna manera,  le dedican, aunque sea un poema,  al HAIKU. En el libro que trato,  el artículo de Carlos Zúñiga Segura, «Cerezos en Flor. Haiku japonés» (pp. 183 – 196), muestra una recopilación de autores con extractos de algunas de sus poesías, realmente, lo cual ignoraba y me complació leer y saber de la calidad de poetas peruanos que escribieron al respecto, a parte de Watanabe, de quien ya hablé. Carlos Zúñiga menciona y trascribe los poemas de Alberto Guillén, Pedro Llullen, Washington Delgado, Ricardo Silva Santisteban, Javier Sologuren, Alfonso Cisneros Cox, Max Destre, César Toro Montalvo, Cromwell Jara, Francisco Bendezú, Rafael Yamasato, Carolina Ocampo, Carlos Zúñiga Segura, Nicolás Matayoshi.

En cambio el artículo «Muestra del Haiku peruano» (pp. 199 – 206), de José Luis Mejía  similar al ya citado de Carlos Zúñiga, habla desde su punto de vista, de la poesía del Haiku y reafirma lo que expresaba Sologuren al respecto, sin embrago, Mejía rastrea que hubo influencia de esta poesía oriental desde comienzos del siglo XX, incluso, Manuel González Prada escribió una, conocedor del Haiku. También Mejía hace su recopilación con los siguientes autores y unos extractos de sus poesías, que complementan la lista anterior de Carlos Zúñiga. Entre los que destaca, son: Alberto Guillén, Arturo Corcuera, Ricardo Silva Santisteban, Javier Sologuren, Alfonso Cisneros Cox, Inés Cook, Yolanda Wesphalen, Rosella di Paolo, Mauricio Piscoya, José Luis Mejía, Santiago Risso Bendezú, José Beltrán Peña, Manuel Olivares Garibladi.

ALGUNOS DATOS MÁS

Para completar este compendio de la historia de la Literatura japonesa, encontramos al final, algunas narraciones, extractos del pensamiento nipón, acerca de su fantasía popular, su pensamiento ético a los jóvenes y su filosofía acerca de la fusión del hombre con la naturaleza. Esta compilación de breves textos lo hace Javier Soluguren y Jorge Salazar, quienes, dentro de su selección, nos dan una idea cómo es la forma de narrar de  los escritores japoneses en su manera más simple y amanea. Así encontramos cuentos como: «Cuento del cortador de bambúes»,  «Extraña conducta de uno de los detenido por terrible crimen», «Tiempo de susurros» y «Mensaje  a los jóvenes japoneses» (4).

El otro lado, aunque muy breve, es acerca del manejo y aprendizaje del código japonés. Esta perspectiva, hecha por Ernesto Lierer. Él  nos muestra la forma básica cómo entender el idioma oriental. Nos acerca a dos formas de pronunciar el idioma: una el llamado KATA y el otro, el HIRA GANA. La primera forma se trata de una escritura más sencilla y la otra es más corrida. En este esbozo, Lierer, solamente manifiesta que para el aprendizaje del idioma japonés «requiere un aprendizaje intensivo de varios años» (5). Finalmente, la forma hablada de esta lengua tiene una pronunciación intensa como el castellano, pero con un acercamiento a las letras romanas.


CONCLUSIÓN

«Japón en la literatura peruana», es un libro muy interesante para quien se interesa por la historia, la literatura y el aporte cultural de Japón. Todos los textos que se incluyen de los autores que escriben sobre este tema, nos muestra, pienso yo, un rigurosos aprendizaje que por estos lados del mundo se desconocen y, además, es una manera muy cómoda de aprender lo que quisiéramos saber sobre el Japón y entender mejor esa cultura que, a veces, es como incomprendida porque se ignoran muchos aspectos de ella. Sin embargo, todo lo que se habla en este libro no puede dejar de ser mencionado en las aulas Universitarias o Académicas, pues el conocimiento que tiene cada una de sus páginas es ilustrativo a lo largo de muchos siglos atrás y aprender cómo los japoneses desde siempre han querido la naturaleza y a prender de su belleza; lo que en nuestro entorno, de haber tenido una cultura ancestral rica, hoy se ha convertido en un sitio contaminado por el descuido de nuestra gente peruana. Por ello, de alguna manera, los japoneses, aún, mantienen ese apego por la belleza natural y en las páginas de sus libros se perciben, lo que amerita el quehacer de sus intelectuales por mantener ese ambiente que los hace sensibles y unidos.
 Por ende, como siempre lo he manifestado, incluso a los alumnos que enseño, no hay nada más educado y atento que aprender a través de la lectura porque así conocemos lo que en otros sitios sucede e ignoramos. De igual modo, por aprender, también escribí un cuento sobre el origen de Tokio (6). Solo con el interés de aprender más valoraremos la hermandad que nos une con otros pueblos, ya sean de llamado primer mundo como del tercer. Ya cuando nosotros, los peruanos, leamos mucho más, nuestra sociedad y avance será el mejor. Resultado de ello, es sumergirse en las páginas de los textos que Ángeles Caballero juntó y publicó, un aporte más al valioso humanismo de Perú.

NOTAS
1. EL HAIKU es una combinación de las palabras HOKKU y HAYKAI (p. 112). El poeta Shiki (1867- 1902), también se desempeñó como crítico y restaura el HAIKU, que andaba cayendo en desuso.
2. El Haiku: breve expresión de lo sutil. Texto: II Maestros del Haiku, (Ob. Cit. p.106).
3. «El Japón, su belleza y yo», Yasunari Kawabata, ensayo leído en el Discurso de concesión del Premio Noble de Literatura, Estocolmo, el día 12 – 12- 1968, «Por su arte narrativo que expresa una delicada sensibilidad del alma japonesa en su realidad más caracterizada.» (Academia Sueca).
4. una especie de manifiesto donde se exhorta la manera cómo deben pensar, actuar y convivir la siguiente generaciones de núbiles japonés para que engrandezcan más la nación que deben amar y respetar como siempre lo hicieron sus ancestros. Son una serie  de explicaciones y comentarios conductuales sobre moral y pensamiento de lucha por sus creencias.
5. Ob. cit. Lingüística, Introducción a la lengua japonesa hablada.
6. «Cuentos de realidad y premonición», Población de antaño, 2013, Miguel Gonzales Corrales. Cuento que se refiere de la llegada a Iesayasu Tugokawa a las costas de Japón cuando la actual Tokio era una aldea de pescadores llamada Edo y cómo luego a lo largo de unos siglos llegan los norteamericanos a imponer su tecnología. Así aparece el periodo de Tugokawa que dará origen a los famosos Shogun.

REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA
ÁNGELES CABALLERO, César, «Japón en la Literatura peruana», Auspiciado por Popular y Porvenir, Lima, Perú, 1999.
JAUSS, Hans Robert, «Por una Etiqueta de la recepción», Edit. Gallimard, París, 1978.
LOS PREMIOS NOBEL, Fasc. 20, Ediciones Orbis, Madrid – España, 1982.


viernes, 18 de enero de 2013

ORIGEN Y EVOLUCIÓN DE LA NARRATIVA: EL CUENTO HISPANOAMERICANO


Por: Miguel Gonzales Corrales.


ollantayaqp@hotmail.com



1. ANTECEDENTES

Sería muy extenso detallar la evolución de la narrativa hispanoamericana, hasta nuestros días. Para esto, tendríamos que remontarnos a estudiar la idiosincrasia de las grandes civilizaciones americanas, precolombinas, hasta la legada de los conquistadores españoles y sus crónicas. Pero la literatura propiamente americana surge con la independencia y la aparición de la República, en varios países del nuevo mundo. Por ello la literatura (en especial la narrativa) sólo podía ser de carácter político.

Sin embargo, la mejor literatura por convicción política, social y cultural, surge a raíz de la independencia de los diferentes pueblos hispanos. Los mismos hombres que hacían la patria, hacían literatura. En estas circunstancias, surge un Andrés Bello que junto al ecuatoriano José Joaquín Olmedo con su poema de 1825: “A la victoria de Junín”, además del cubano José María de Heredia, cuyas poesías se publicaron en Nueva York a partir también de 1825, inauguran lo que se podría llamar la verdadera literatura hispanoamericana. Posterior a esto, recién aparecería el Romanticismo, que llegó a cargo del argentino Estevan Echevarría con su poema largo “Elvira o la novia del Plata”. En estos parámetros, poco después surge la novela sentimental con el colombiano Jorge Isaacs. Así, la lista sería muy larga de enumerar porque tendríamos que pasar por la novela Histórica, la Épica, la Política, la literatura gauchesca y en especial, la literatura mexicana. Luego aparecería el Modernismo con el nicaragüense Félix Rubén García Sarmiento (Rubén Darío) quien en 1888, con su libro “Azul”, inaugura esta corriente literaria. A éste, no haya que olvidar a figuras trascendentales como a los mexicanos Salvador Díaz Mirón y Manuel Gutiérrez Nájera; los cubanos José Martí y Julián del Casal y el Colombiano José asunción Silva, a lado del peruano José Santos Chocano. Luego aparecería, como un ícono desbordante, el uruguayo José Enrique Rodó con su libro “Ariel” de 1900, en el que desarrollo el ensayo narrativo. En esta misma líneas también se encuentran el mexicano Enrique González Martínez y el argentino Manuel Ugarte. Pero quien sobresalió mucho más fue Rodó por su filosofía moralista, incluso muchos de su sus admiradores y seguidores decidieron hacerse llamar “Arielistas”.

Con estas generalidades de la literatura hispanoamericana del siglo XIX, se tiene una visión de lo que se pretendía y los autores que más destrocaron. Cuando llega el siglo XX, el cuento hispanoamericano, no tuvo gran evolución. Algunos autores se ven envueltos por corrientes vanguardistas de un modo muy vago. Pero si se quiere encontrar autores que empieza a desarrollar el cuento con su especial dote literario, tenemos que citar al guatemalteco Javier Arévalo Martínez (1884-1975) y al uruguayo Horacio Quiroga (1878-1937).

En general, la narrativa hispanoamericana tiene una doble intencionalidad: El Vanguardismo y Realismo, que surge a raíz de los cambios sociales, las nuevas tendencias filosóficas y científicas anteriores a la Primera Guerra Mundial, formas que expresaron lo subjetivo, lo absurdo y expresiones que figuran en el Cubismo, el Dadaísmo, el Surrealismo y el Ultraísmo. Aquí, la narrativa, en especial el cuento, expresan una intuición poética de la realidad, no sólo a través del estilo, sino también a través de la estructura del relato, con unos personajes que se distancian en una individualidad concreta que revelan símbolos. Algunos de los escritores que manifiestan esta forma, son: el salvadoreño Salvador Salazar Arrué, quien reúne sus “Cuentos de Barro” (1933). En México, aparecen, Bernardo Ortiz de Montellano, con sus cuentos de inspiración onírica, titulados “El nacimiento de Venus”. A parte, cabe mencionar a tres escritores trascendentales, también mexicanos: José Martínez Sotomayor, Efrén Hernández y Agustín Yáñez, este último vinculado más a la novela. De estos tres escritores, quien tiene mayor trabajo en el cuento es Efrén Hernández porque en su antología “Cuentos” de 1941, la anécdota se subordina a los demás elementos textuales porque se desplazan hacia la periferia de las ciudades y lo estilístico es el verdadero organizador del relato. De Hernández, tienen influencia los dos cuentistas más originales de la siguiente generación: los mexicanos Juan Rulfo y Juan José Arreola. Otra figura importante en la elaboración del cuento es el uruguayo Filisberto Hernández, cuyo primer libro data de 1925 titulado “Fulano de tal” y una edición póstuma de sus obras completas que se inició en 1966 al que se tituló “Las hortensias y otros relatos”. De esta etapa, también aparecen escritores como: el panameño Bernardo Domínguez Alba, autor de “Todo un conflicto de sangre” (1946), “La boina roja” y “Cinco cuentos” (1954); el cubano Enrique Labrador Ruíz con el conjunto de relatos “Cuentos Gaseiformes”.

En el caso del Realismo, tenemos como los mejores escritores, por sus retratos de la sociedad a la que pertenecieron, al bonaerense Manuel Rojas, cuya trayectoria literaria la realizó en Chile, con libros de cuentos como “Hombres del sur” (1926) y “El delincuente”. En México aparece la figura de Francisco Rojas González, cuyo primer libro de relatos apareció en 1931 titulado “Y otros cuentos”. El dominicano Juan Bosch autor de “Camino real” (1933), “Indios” (1935), “Ocho cuentos” (1947) y “Más cuentos escritos en el desierto” (1964). El peruano José Diez Canseco, autor de algunos cuentos como “Jijuna”, “Gaina” y “El velorio”. El uruguayo Enrique Amorín escribió los siguientes libros de cuentos: “Horizontes y bocacalles”, “Historias de amor”. En cambio, a quienes podríamos llamar hijos de la revolución mexicana, son Juan Rulfo y José Revueltas, junto a ellos, aparece Rafael Muñoz, cuyas pobras sobresalen por su afán revolucionario, típico del México de esa época, en libros como: “El feroz Cabecilla” (1929) y “El hombre malo” (1930), sobre todo, su cuento “Un disparo al vacío”.

Unan variante del Realismo, es la corriente del Indigenismo, cuyo máximo representante es el peruano José María Arguedas porque los personajes que describe en su obra son auténticos. Además, de ser novelista, muestra cuentos de carácter sensible, respecto a los indios, tales como: “Agua” (1935), el cuento largo “Diamantes y pedernales” o los que pertenecen a “Amor mundo y todos los cuentos” (1967) y los magistrales relatos “El sueño del pongo” y “La agonía del Rasu Ñiti”. En México, Ramón Rubín presenta “Cuentos del medio rural mexicano” (1942) y “Cuentos de indios” (1954). En Guatemala aparece Mario Monteforte con libros como “Cuentos de tierras de indios” (1949). En Cuba aparece Lidya con “Cuentos negros de Cuba” (1940). Finalmente, se llega hasta a Venezuela con Guillermo Meneses autor de “Tres cuentos venezolanos” (1938) y “La mano junto al muro” (1951).

Y aparte, como referencia, de la línea temática del realismo, le dan un fuerte impulso al cuento, con mayor expresividad literaria y recursos socio intelectuales, los argentinos Leónidas Peralta con libros como “Cuentos realistas” 1925), “La vida” (1933); Roberto Mariani cuyos libros son “Cuentos de oficina” (1925), “El amor agresivo” (1926), “En la penumbra” (1932); y Roberto Arlt que dejó gran impresión en sus libros cuentos como “El jorobadito” (1933) y “Aguas fuertes porteñas”.



2. CARÁCTER DE LA NARRATIVA HISPANOAMERICANA CONTEMPORÁNEA

Indudablemente, el carácter en la narrativa hispanoamericana, siempre fue de innovación, ya que siempre se teorizó sobre las formas, estructuras y composición de un relato para encontrar la perfección artística. Esta teorización del relato, se fundó bajo la base de tres personalidades literarias, las sobresalientes, de la primera mitad del siglo XX, quienes fueron Alfonso Reyes, Jorge Luis Borges y Alejo Carpentier. Éstos marcaron el hito de la literatura contemporánea en Hispanoamérica, de una forma comprometida con su sociedad, su realidad y su política, que en lo posterior fueron temas que de desarrollaron en la literatura del Nuevo Mundo, sea cual fuera la época que se escribiera una novela o cuento. Desde Andrés Bello, hasta, por ejemplo, Jaime Bayly, la realidad es cruda y para poder subsistir en ella, en cualquier ciudad de Hispanoamérica que es toda Hispanoamérica, hay sacrificio, muy diferente a una realidad europea, y quien mejor que nuestros narradores para decirlo, a través de sus obras.

Sin lugar a duda, lo que ha marcado el auge de la literatura hispanoamericana, a parte de la temática que han explotado, es el factor del “Boom” latinoamericano que cobró una importancia intercontinental, es decir, aparecieron obras que muchos lectores, en todo el mundo, comenzaron a apreciar, lo que García Márquez alguna vez dijo, se trataba de un Boom de lectores, cuando conversó con Vargas Llosa en la Universidad Nacional de Ingeniería de Lima en 1967. Escritores como Alejo Carpentier, Juan Rulfo, Agustín Yáñez, Juan Carlos Onetti, Jorge Luis Borges, Augusto Roa Bastos, José Lezama Lima, José Donoso, entre otros, se vieron beneficiados por la aparición de este Boom (conformado por cuatro, escritores según, la critica: García Márquez, Cortázar, Fuentes, Vargas Llosa) que alimentó la gran creación que ya se venía escribiendo desde 1935. Todos estos escritores hispanoamericanos encontraron la manera de escribir de un modo muy diferente a lo que se venía escribiendo porque se empezó un proceso de transformación y renovación de técnicas literarias y recursos narrativos que se ajustaban a la nueva temática, hasta terminar en el fenómeno conocido como “La nueva novela” que quiere decir una gran madurez alcanzada por lo narradores latinoamericanos del siglo XX.

Y no sólo escritores pertenecientes a este Boom y La nueva novela de la literatura hispanoamericana, hubieron que escribieron contra ideas dictatoriales y con técnicas literarias que revolucionaron la literatura, sino que después de ellos, aparecieron más narradores de igual valía que los anteriores, en lo que el crítico Donald W. Shaw llamó el “Boom junior”, en los que se encontraban autores como el cubano Severo Sarduy, los argentinos Manuel Puig, Thomás Eloy Martínez, Manuel Mujica Laínez, los peruanos Alfredo Bryce Echenique, Manuel Scorza, Alonso Cueto, Miguel Gutiérrez, el uruguayo Jorge Galeano, el chileno Jorge Edwards, los mexicanos Fernando del Paso, Salvador Eliozondo y Gustavo Saínz, los venezolanos Salvador Garmendia y Adriano Gonzales León, entre los más destacados, que hacen que nuestra literatura se conocida en otros continentes.

No cabe duda, que el proceso de evolución en la literatura hispanoamericana seguirá mejorando aún más, tratando nuevos temas que la crítica enfocara con mayor interés, sin importar, quizá el academicismo que se ve en una obra, como alguna vez lo demostró Cortázar con “Rayuela”. La literatura es un arte y cono tal, en este caso la hispanoamericana, seguirá reflejando nuestras sociedades que se parecen. Como alguna vez lo dijo Carpentier, está en nuestros artistas poder lograr unificar nuestras letras.



3. REPRESENTANTES Y UBICACIÓN EN EL PROCESO NARRATIVO CONTEMPORÁNEO. UN ESCRITOR IMPORTAMNTE: JUAN JOSÉ ARREOLA

Al finalizar la primera parte, me había detenido en Roberto Arlt. En consecuencia, diré que entre 1944 y 1954 aparecieron las mejores obras de cuentos escritos, en lo que se refiere a innovación, que serviría de influencia para escritores posteriores. A partir de 1944 apareció “Ficciones”, de Jorge Luis Borges (argentina); “Dios en la tierra” (1944), de José Revueltas (México), “Varia Invención” (1949), de Juan José Arreola (México); “Bestiario” (1951) Julio Cortázar (Argentina); “El llano en llamas” (1953), de Juan Rulfo (México). Así, los polos norte y sur recorrieron una honda cuentística que involucró a toda América.

ARREOLA, en la mayor parte de su narrativa, muestra una flexibilidad y variedad, en todas las formas del cuento (excepto por la única novela que escribió: “La feria”). El estilo que muestra en su narraciones breves es de una cosmovisión amplia y la nota intelectual que lo singulariza, en relación a otros escritores de cuentos, porque realiza una transgresión del género. Diversos niveles de configuración como consecuencia de una serie de escalonamientos a través de hipérboles que miran lo superficial, como la alusión a los ferrocarriles. Sus cuentos tienen ese inesperado final de sorpresa o final abierto. Sin embrago, estas fórmulas que empela Arreola, son sutiles porque apela a la excesiva brevedad, a la inexistencia de elementos no reales, a la repetición obsesiva en el contenido del discurso literario. Este aspecto sutil del que hace alusión Arreola, es de menor o mayor grado porque lo que busca es un equilibrio entre narración y lector. Además de algunas notas y frases metaforizadas en las que predomina la sátira.

Sorprende, en sus cuentos, la riqueza de lecturas, que apoyan a que sus textos narrativos sean muy breves, hasta llegar a escribir apólogos, fragmentos de diarios, parábolas, epigramas, fábula, estampa, comentarios humorísticos que a veces van alejados de la literatura, más cercanos a la mas media. Que se une a una reflexión textual. Esto es un planteamiento de juegos que lo realiza en complicidad con el lector.

La clave de la propia obra del autor, está en la cláusula que él mismo dice: “Toda belleza es formal”. Es así, que la obra de este autor mexicano, se apoya en un escaso repertorio de figuras literarias rescatadas de la monotonía cotidiana, en lugar de la originalidad del léxico. El lenguaje anticonvencional y sustantivos de transmitir ágilmente una idea o un cosmos porque la selección y el engranaje resultan perfectos. Por lo que, la escritura resulta artesanal, alquímica, lanzada hacia lo fantástico, para mostrar una inquietud por lo real, por lo concreto.

En cuanto al aspecto temático, Arreola afirma que los temas de sus cuentos son la soledad, la convivencia, la imposibilidad del amor, ya que toda alma está destinada al aislamiento. La relación entre hombre y mujer está destinada al combate, la ambigüedad y la frustración. No sólo en esto se encasilla, sino que también adopta temas estéticos y filosóficos tratados de un modo elocuente y suave, como los que se refiere al drama del ser individual, la soledad, la nada, temas que tienen como fundamento las ideas de Sartre, Kierkegard. Heidegger. La brillante capacidad de síntesis, le permiten tener una intensidad en sus cuentos, valiéndole el mérito de ser uno de los cuentistas más importantes de Hispanoamérica.



4. CONCLUSIÓN

Por ende, la narrativa Hispanoamericana, siempre dará qué hablar en sus diferente géneros literarios, sobre todo, en poesía y narrativa. Es seguro, que hoy, pasada la primera década del siglo XXI, están apareciendo escritores que paulatinamente renuevan nuestras letras, mucho más allá de los que hoy, que son ancianos, han dejado. Por lo que tengo una gran fe en los narradores que dará Hispanoamérica. Así tengo noticia de muchos jóvenes que están produciendo buenas obras, promovidos por editoriales intercontinentales como son Alfaguara y Planeta (españolas).

Así también, aquí, en mi natal Arequipa, están sobresaliendo escritores muy interesantes, aunque de un modo regional, pero se ve el avance literario. Sólo me cabe esperar qué obras literarias hispanoamericanas desbordaran, con su conocimiento, el mundo.

lunes, 24 de diciembre de 2012

LA CIENCIA FICCIÓN, UN TIPO DE NARRACIÓN EN LA LITERATURA



Por: Miguel Gonzales Corrales.


ollantayaqp@hotmail.com



Hace poco leí un editorial de una revisita-libro de publicación española que publica narraciones de Ciencia ficción en el que decía que un lector le escribió diciendo que uno de sus cuentos no era de Ciencia Ficción, por lo que, la editorial le respondía, haciendo un recorrido rápido por ciertas formas de obras literarias, que al final quien decidía si era es o no texto de Ciencia Ficción eran los lectores porque este tipo de literatura no estaba bien definida. Pues yo pienso que está equivocado porque me pregunto ¿todos los lectores son conocedores o especialistas en literatura?, sólo la mayoría son aficionados a leer o mantienen un buen hábito de lectura. Entonces, explicaré el por qué pienso que quien escribió esa editorial está equivocado.

En realidad, la Ciencia Ficción no es lo que muchos confunden con narraciones de hechos épicos y grandes hazaña como en “La Odisea”, “Ilíada”, “Las mil y una noches”, en fin. En cambio, los primeros atisbos reales de la Ciencia Ficción aparecieron el en siglo XVII con escritores como Voltaire o Ronsand. El primero escribió algunos cuentos con características deciencia ficción en cuentos como “Micromegas”, un gigante que viajaba por mundos hasta llegar a la tierra. En el caso de Ronsad, redacto un Cyrano de Bergerac que imaginaba ir a la luna con una especie de planeador o algo así. Posteriormente, en el siglo XIX aparecieron escritores como Julio Verne y H. G. Wells, que en su literatura pusieron a personajes ficticios en contacto elementos científicos, sea especiesde naves o aparatosfuturistas. Así Verne, creó obras como “De la tierra a la luna”, “Alrededor de la luna”, “20, 000 leguas de viaje submarino”, que aparte de ser novelas de aventuras, en la ficción había aparatos que se creaban, según la época como el proyectil gigante que fue a la luna o el submarino poderoso del Nautilus. Ni que hablar en el caso de Wells, que en sus novelas planteaba a la sociedad de la época con avances científicos nunca imaginados, a través de máquinas y naves, como se leen en “La guerra de los mundos”, “La máquina del tiempo”, “El hombre invisible”, “Los primeros hombres en la luna”, entre otras.

Ya en el siglo XX, aparecieron más escritores de este tipo de literatura que se aventuraron a escribir sobre el fin del mundo, viajes en el espacio, la conquista de Marte, un mundo en lo que los robots conviven con el hombre, etc. Escritores como Arthur C. Clark, Domingo Santos, Pierre Boulle, Hugo Gernsback, RayBradbury, Paul Anderson, Karl Sagan, Frederic Brown, AldousHuxley, Gorge Orwell, C. S. Lewis, TaylerCadwell, Robert J. Sawyery claro, el más asiduo de todos, Isaac Asimov quien convirtió este tipo de novela en toda una teoría. Por supuesto, que para esto, se basó en temas de tecnología, como lo plantea y comenta en su ensayo “Futurismo” donde establece diferencias espaciales con el tiempo antiguo como la astrología hasta la tecnología de hoy, que es una mezcla de ficción y realidad.

Entonces partimos de la siguiente premisa: La novela de Anticipación como era llamada antes y Ciencia Ficción catalogada después por Hugo Gernsback a partir de 1929, es una narración en la que se encuentran elementos de ficción como en toda obra literaria, pero la diferencia es que siempre encontramos elementos de ciencia, tecnología que quizá no hay en la época, o también esa CIENCIA puede darse en el pasado o el futuro. Ahora, hay que aclarar que la Ciencia Ficción jamás va a estar ligada a la narración Fantástica porque aquí la relación con la ciencia tecnológica está muy lejos de relacionarse. La narración Fantástica es más ligada a elementos paranormales, seres metamorfoseados, elementos metafísicos, arraigados a la creencia popular que son más terrenales. Así que, la Ciencia Ficción y la narración Fantástica no tienen nada de similitud, en lo más mínimo.

De este modo queda definida la diferencia entre Ciencia Ficción y Fantasía, ante los otros tipos de narraciones que pertenecen al género literario de la Narración, porque si hay otros tipos de novelas o cuentos psicológicos, históricos, góticos, de aventuras, policiales, realistas, naturalistas, de compromiso social, simbolistas (no son corrientes literarias), la Ciencia Ficción y la Fantástica mantienes sus respectivas características artísticas por su formas de relato, por la definición de su estructura o por su discurso literario, muy aparte de las técnicas literarias que el autor desee empelar. Por todo lo expuesto, como dije al inicio, hay gran diferencia entre estos dos tipos de narraciones literarias y no se puede pretender decir que lo lectores serán quienes definirán que obras pertenecen a uno u otro tipo en el género narrativo porque ellos no son especialistas en literatura, sólo disfrutan del gran placer que es leer un buen libro.

ELTRABAJO LITERARIO DE LA MUJER PERUANA




Por: Miguel Gonzales Corrales.


ollantayaqp@hotmail.com

Hoy en día, en nuestro país, la mujer goza de un prestigio social y cultural admirable. Cabe recordar, que a partir de mediados del siglo XIX, pocas mujeres resaltaron con su pluma literaria. Fueron los casos de Clorinda Matto de Turner, Mercedes Cabello de Carbonera, María Nieves y Bustamante y Angélica Palma, en el caso de esta última, firmaba sus obras con seudónimo para que su padre, el gran tradicionalista don Ricardo Palma, no se molestara con ella.

Si rastreamos en los últimos 60 años el inicio de la literatura femenina, dejando de lado las obras escrita por hombres, diré que el punto de partida se da recién en 1967, año en que apareció la antología poética dirigida por Edther M. Allison. Esta escritora publicó ya en 1939 su poemario “Alba lírica”. Su participación literaria la hizo merecedora, al final de su producción, de varios reconocimientos. Este seria un caso aislado en las letras femeninas, al menos en el Perú.

Posteriormente, cuando llegó la década de 1970, en Lima, destacan ciertos grupos literarios como Hora Zero o la revista Estación Reunida, la tortuga Ecuestre, Cirle, Collage y Nueva humanidad, cuyos integrantes se sitúan en los más altos peldaños de la poesía peruana contemporánea. En estos grupos literarios también fue integrado por mujeres que empiezan a destacar con su poesía intimista y muy personal. Toda esta generación de jóvenes escritores privilegió la importancia de la literatura peruana, en especial, la poesía. Dentro de las escritoras que sobresalieron en esos años, podemos mencionar a Rosalina Valcárcel, Ana María García, Carmen Ollé y la joven María Emilia Cornejo, cuya poesía suelta fue reunida mucho después de su temprana muerte, en el libro “En la mitad del camino recorrido” (1989). Además, destacaron, con una obra poética, de sutileza verbal y novedades sintácticas, Elvira Roca Rey, Sonia Luz Carrillo, Otilia Navarrete, Cecilia Bustamante y, según la critica literaria, Josefina Barrón.

En la década de 1980, ya con un recorrido amplio en la literatura, estas poetisas publicaron obras de reconocido mérito literario. En esta década, ellas tendrán un progreso significativo como el caso de Carmen Ollé que publicó su importantes poemarios: “Todo orgullo humea la noche (1988) y “Noches de adrenalina” (1981). Así también sobresalen con mucho ímpetu Rocío Silva Santiesteban que se inicia con el libro de poesía “Asuntos circunstanciales”, cuya calidad poética ira en ascenso hasta desembocar en su poemario más destacado “Turbulencias”, a esto, se suman sus artículos periodístico y su libro de cuentos “Me perturbas” (1996). Doris Morimasato, cuya poesía se inicia con “Morada donde la luna perdió su palidez” (1988), en su producción se percibe la herencia cultural japonesa, en especial, de Okinawa, lugar de donde provienen sus antepasados.

En el Perú, sin lugar a dudas, la poeta más sobresaliente es Blanca Varela. Su carrera literaria se inicia en 1959 con la publicación de su poemario “Ese puerto existe” y desde entonces le ha dado una importancia tan constante a su trabajo poético que siguió publicando varios textos de poesía, cada uno diferente, pero con más calidad artística. Dentro de sus últimas producciones se cuentan “El libro de barro (1993) y “Concierto animal” (1999). Su reconocimiento internacional llegó en 1986 cuando se editó una antología de “Canto villano”, que incluyó lo mejor de su producción hasta entonces. En el año 2007, por su impecable trayectoria, se le reconoció en España con el premio Reina Sofía, pero a esa entrega fue su hija, en lugar de la poeta, a recibir tal honor, ya que la escritora no se encontraba bien de salud.

En realidad, son pocas las mujeres que se han dedicado a la narración, si se tiene una estadística general. Los casos más importantes de narradoras las encontramos en Carmen Ollé con “Las dos caras del deseo” (1994) y “La pista falsa” (1999), Laura Riesco, quien escribió la mejor novela escrita por una mujer en el Perú: “Ximena de dos caminos” (1994), la arequipeña Zoila Vega Salvatierra, quien a raíz de haber ganado el premio de novela corta del Banco Central de Reserva del Perú, con su novela “Colla cocha” en 2006, también ha empezado a tener notoriedad en la literatura peruana, por la buenas críticas literarias que ha recibido. Su última novela, “Acuarelas” (2012), es toda una expectativa.

En conclusión, la mujer ha participado con su producción literaria, de un modo trascendente, aunque no en mayoría, pero sí con valiosísimas obras que dan mérito y orgullo a nuestra literatura peruana que siempre ha tenido una tradición admirable en el mundo, desde el pasado hasta este siglo XXI, con escritoras jóvenes que van destacando paulatinamente, aunque un poco más, pero que seguramente dirán mucho más en el futuro con la experiencia, el esfuerzo y la dedicación que sólo la literatura sabe reconocercon el tiempo.

sábado, 25 de agosto de 2012

EL NEOBARROCO AMERICANO




Por: Miguel Gonzales Corrales.


Mientras España tuvo su Siglo de Oro que empezó con el Renacimiento y finalizó con el Barroco a mediados del siglo XVII, que fue el de mayor esplendor en las letras hispanas, tuvieron que pasar tres siglos más para que esta expresión literaria, la barroca, fuera recogida otra vez en el Nuevo Mundo. Aquí en América el barroco como tal por su enrevesado lenguaje literario y para lectores medianamente cultos, fue iniciado por uno de los mejores escritores latinoamericanos: el cubano Alejo Carpentier. A éste, le siguieron otros literatos de raigambre intelectual como José Lezama Lima, Miguel Ángel Asturias Severo Sarduy, Guillermo Cabrera Infante y Gabriel García Márquez; en la poesía aparecieron las figuras de Pablo Neruda, César Vallejo y Vicente Huidobro.
Severo Sarduy es quien ha precisado mejor el contenido de la palabra Neobarroco al decir: “Neobarroco: reflejo necesariamente pulverizado de un saber que sabe ya no está apaciblemente cerrado sobre sí mismo. Arte del destronamiento y la discusión”. Sin embrago, los máximos representantes de este neobarroco americano son los cubanos Alejo Carpentier y José Lezama Lima porque en sus obras hay aportes difíciles de captar si el lector no está atento y poseen temas muy cultos. Al respecto, José Lezama Lima afirma sobre el neobarroco: “No es un estilo degenerescente, sino plenario, que en España y la América Española representan adquisiciones de lenguaje, tal vez únicas en el mundo”. Quien ha seguido con detenimiento las obras de estos dos narradores, entiende que el más barroco de ellos es Carpentier, así se ve cuando uno lee “El siglo de las luces”, “Los pasos perdidos”, “El recurso del método”, incluyendo los contenidos que se dan en “El reino de este mundo”, donde Carpentier aplica su teoría de lo Real Maravilloso.
El mismo Lezama Lima, autor de su monumental “Paradiso”, reconoce que José Martí es el eslabón fundamental en la forja de esta expresión americana. Si el neobarroquismo es de expresión de frases desbordantes, continuas digresiones, abundantes citas, erotizantes alucinaciones llenas de hipérbaton e hipérboles, que van muy unidas, como por ejemplo en “Paradiso” del mismo Lezama Lima. Asturias, con “El señor presidente”, hace gala de esos atributos literarios, agregándole elementos sórdidos y siniestros. Cabrera Infante, con “Tres tristes tigres”, combina la nativa urbe con elementos imprescindibles de la cultura cubana. García Márquez, en “Cien años de soledad”, aparece una transformación mágica y mítica de la realidad concreta donde vivió que le da forma en la escritura densa y desbordante de fantasía, propia de lo real maravilloso, que antes propusiera Alejo Carpentier y que con el escritor colombiano llega a su más alta expresión (1). Severo Sarduy, en su novela “Cobra”, alcanza su nivel más alto de estilo barroco con una escritura drástica y densa en la historia que se narra, llena de citas y paragramas. En el caso de la poesía, mencionamos a Pablo Neruda con “Confieso que he vivido” y “Canto General”; César Vallejo con “Los heraldos negros” y “Trilce”; en el caso de Vicente Huidobro, su poemario “Altazor”.
Por lo tanto, el barroco, también es americano, como lo dijera Lezama Lima: “El primer americano que va surgiendo dominador de sus caudales es nuestro señor Barroco”. Así como Carpentier pretendía ir en busca de lo autóctono, de lo profundamente americano (2).
 NOTAS
1.    En mi trabajo literario “García Márquez: La intromisión de la fantasía en la realidad de Cien años de soledad”, pretendo dar un análisis muy profundo de los elementos real maravillosos, así como las ideas de las que están propuesta en “Cien años de soledad”.
2.    Carpentier plasmó todo su ideal autóctono de americano en un largo ensayo llamado “Problemática del tiempo y del idioma en la moderna novela latinoamericana”, (publicado en la revista de crítica literaria en mayo de 1975) en la que plantea, entre otros temas, su función y descubrimiento de temas que están oculto en lo profundo del continente de América e invoca, al final, sólo a encontrarlos, porque pueden servir como manantial de literatura.


sábado, 21 de mayo de 2011

“ANÁLISIS DE TEXTOS”: METODOLOGÍA BÁSICA DEL ANÁLISIS LITERARIO de Tito Caceres Cuadros




“Cuando la memoria del cuerpo despierta, su viejo deseo vuelve a rodar en la sangre; cuando los labios y la piel recuerdan mis manos sienten como si tocaran de nuevo”.
Constantino Petrou Cavafis (en griego Κωνσταντίνος Πέτρου Καβάφης. Alejandría, Egipto; 29 de abril de 1863 – 29 de abril de 1933) fue un poeta griego, una de las figuras literarias más importantes del siglo XX y uno de los mayores exponentes del renacimiento de la lengua griega moderna.




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CRÍTICA LITERARIA

Miguel Gonzales Corrales

Uno de los textos de análisis de obras literarias más completo que he leído es “Análisis de textos literarios” de Tito Cáceres Cuadros. Se trata de un emblema de la realidad literaria en el interior de una obra. El contenido de este libro aborda el análisis literario en dos partes: Análisis de textos poéticos y Análisis de textos narrativos. El interés, la forma y la minuciosidad de leer e interpelar una obra literaria son detallados. La poesía se aborda de acuerdo a su normativa específica y la narrativa, cómo son contadas las historias y el conflicto que sufren sus personajes. Cada parte, cada secuencia de esta forma de análisis va acompañada de modelos de análisis a modo de ejemplos para entender cómo la teoría literaria se aplica en el análisis práctico de una obra propiamente dicha.
Cuando se habla del Análisis de textos poéticos se toma varios aspectos de Lingüística según sus significados y significantes en las estrofas y en los versos, agregándose los modos que la estilística encuentra en las rimas y en la cantidad sílabas que tiene cada verso. Toma en cuenta los planos oracionales desde la estructura y su métrica y los planos reales del poeta con relación a su entorno social, emocional, fantástico e íntimo. Todas estas fórmulas aplicadas en la poesía van acompañados de modelos de poemas de autores como: “Mientras por competir con tus cabellos” de Góngora y Argote, “Cerrar podría mis ojos la postrera” de Francisco Quevedo, “Rima XV”, de Bécquer, “No cesará este rayo queme habita” de Miguel Hernández, acompañado de modelos de poesías de César Vallejo, Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado. Cada una de estas últimas poesías de los autores ya mencionados va acompañada de comentarios de crítica y teoría literaria por un especialista en deferente caso. Es así, que todo el conglomerado de puntos de vista y análisis poéticos se completa en un esquema único y valedero para el aporte de la lírica como forma intimista de la expresión onírica y verbal.
En el caso del Análisis de textos narrativos la forma de análisis es distinta. El estudio de una obra en prosa es más descriptivo y ahonda en los hechos que les ocurren a los personajes de acuerdo al decurso de la historia. En esta parte se emplea los esquemas y fórmulas sígnicas de Vladimir Propp, seguida de esquemas teóricos y metodológicos de Greimas. Todo ello aclarando los tipos de relatos que existen en la literatura y que generalmente se conoce, tales como relatos maravillosos, cuentos de hadas, relatos míticos (entre los que se encuentra el épico) y el relato trágico. Toda esta forma de análisis es un sistema de escala de valores para representar gráficamente cada situación de cada cuento por su historia y fábula empleados en su aplicación semántica. Muchos de estos análisis de textos Tito Cáceres los enseñó en la UNSA de los cuales todavía guardo esos apuntes cuando fui su alumno en la escuela de Literatura. Por lo tanto, los esquemas narratológicos en la forma de distribución de la historia son específicos cuando menciona al destinador (a quien va dirigida la ayuda), adyuvante (quien ayuda al protagonista), opositor (el enemigo con quien hay que luchar), destinatario( quienes se benefician con la proezas del protagonista), objeto( el motivo que hay que conseguir para cumplir lo deseado en la trama), sujeto (protagonista, según la importancia del personaje),todo esto se aborda desde la intención del autor. Con esta forma de análisis se llega al máximo desarrollo desde la aplicación de los narremas (secuencia de los sucesos que se cuentan o narran en la historia) hasta concretarse en la fábula que esta en el interior ya sea del Macrotexto, ya sea en el interior del microtexto. Estos aspectos teóricos lo ejemplifica con modelos en las siguientes narraciones: “El gato negro” de Edgar Allan Poe, “El alfiler” de Ventura García Calderón, “Piel de asno”, de Peau D’ane y la “Venus D’lle” de Prósper Merimée. Ejemplos notorios que también los seguí en clase cuando enseñó el curso de Análisis de texto en la escuela de Literatura, con la diferencia que en este libro los aborda con más profundidad.
En conclusión, Tito Cáceres es un estudioso de la literatura arequipeña y mundial, cuyos estudios literarios lo convierten en un analista completo de la obra literaria, cuya experiencia es básica para desarrollar estos métodos de análisis, como lo anota en el prefacio de su libro: “…tuve el privilegio de tener como maestros a Carlos Bausoño, Antonio Quilliz, Alfredo Caballero Picazo, Manuel Alvar y José María Diez Taboada.”, quien gracias a los apuntes que tuvo de ellos como alumno y heredero de esos conocimientos, hoy los pone en práctica para enseñar esa heredad a los alumnos de la escuela de literatura en la UNSA.

lunes, 8 de diciembre de 2008

JOSÉ ALVEAR CORIMANYA

Miguel González Corrales
revistanaufrago@yahoo.es






Hoy en día, en nuestra sociedad y cultura, el hábito por la lectura, en la mayoría de las personas se ha perdido; a no ser por algunos que sienten el interés por ilustrarse a su modo.
Quizás la causa principal para que los peruanos no cojan y un libro y lo disfruten sea por la crisis económica que afronta el país. Peor aún, el interés por la literatura no tiene como profesión una estima favorable en nuestro medio, ya sea porque muchos piensan de que si uno es literato debe estar loco o su único destino será morirse de hambre, como he oído a muchas personas, prefiriendo profesiones que a la larga le resultarán con beneficios económicos.
Para cultivar la profesión de la literatura hay que tener fe y dedicarse una buena parte de la vida para satisfacer sus deseos. Tal es el caso de una persona que voy a mencionar y sé que muchos de ustedes se lo han encontrado cuando aparece en las combis ofreciendo sus pequeñas producciones literarias, de características artesanales, me refiero a José Alvear Corimanya, que con un fervor único ofrece al público en general su aporte mínimo para la literatura, pero grande en su producción. Según él mismo refiere está cerca de los 400 cuentos que es la especie literaria que escribe. También cuenta con algunos ensayos. En lo particular resalto ese interés literario que muchos tomamos importancia y es más lo consideran como un ambulante más. A diferencia de los demás, él apela a su ingenio e inteligencia, a la pluma y el papel para poder, creo, subsistir, en una sociedad donde se prefiere cualquier trabajo menos al literario.
Quiero resaltar la labor de este escritor arequipeño, de tez tostada, pocos cabellos, facciones secas y una contextura regular que muestran su humildad con ropas sencillas. El señor José Alvear tiene una forma de escritura sencilla, simple y de acceso a cualquier lector que no posee una cultura amplia. Los cuentos que escribe tienen una característica sui géneris: aborda los temas de fantasmas, aparecidos, muertos y difuntos que aparecen de sus tumbas para vivir una última vez entre los vivos. Historias originales, donde retrata escenarios que todos los arequipeños conocen, pues habla de sus calles, distritos, zonas, y anexos de nuestra Arequipa, haciendo que sus historias sean creíbles. Emplea en algunos casos, los modos de habla de las personas locales, con sus jergas y vicios lingüísticos: toda una forma de arte.
Los temas que aparecen en sus cuentos son tomados de los mitos, creencias y leyendas de personajes muertos, fantasmas, duendes, diablos, etc. Simbología de la tradición arequipeña en la que creían y todavía creen algunas gentes de antaño y muchas de ellas han dado origen a nombres de puentes, de lugares específicos, en fin. Todo, a mi parecer es recreado con certeza y podría asegurar que este escritor es el que se ha encargado de plasmar hasta la última historia que han ocultado los pobladores arequipeños, en la antigüedad.
Este es su mayor mérito y el reconocimiento que se le puede dar por haber transmitido esas creencias populares a la literatura. Y que a su modo trata de vender con sus publicaciones artesanales.
Sé que en la ciudad de Arequipa hay escritores que son ignorados por diversas razones y que las instituciones culturales poco o nada hacen por fomentar el valor e importancia de la literatura como se debe. Sólo espero que en el futuro la profesión de la literatura, en nuestro medio, pueda tener un gran valor.

domingo, 5 de octubre de 2008

El MISTERIO EN LA LITERATURA AREQUIPEÑA


¿Por qué las narraciones de horror, entre otras, son consideradas como literatura poco seria?; ¿o incluso como sub literatura? Creemos que esto se debe, en ciertas culturas, a una carencia de tradición literaria en lo que respecta a la temática de horror.
Pablo Nicoli Segura


SERIE: ESCRITORES AREQUIPEÑOS
Miguel González Corrales
revistanaufragoahoo.es


Uno de los casos únicos, donde la imaginación desborda los límites de la fantasía y los incrédulos se deleitan con historias que son meramente literatura, hacen posible que los escritores sean poseedores de ese don magistral de crear mundos cuyos escenarios pueden ser atemporales, incluso el crítico más duro puede acceder a contemplar este estilo del buen arte de escribir.

Las historias que alguna vez fueron una leyenda, hoy son testimonios que han quedado impresos en los libros de un escritor, cuya pluma, ha trazado los más diversos hechos de curiosidad e intriga, asociados (en uno o dos casos), a la Ciencia Ficción, del que es intimo admirador: Tal es la dedicación literaria de Pablo Nicoli Segura. Autor de una serie de libros entre narraciones y pequeños artículos que llamaría de investigación, que se centran en hechos que posiblemente han ocurrido, pero la interrogante de sin son verdad o no, quedan a la expectativa.
Este autor que se abre paso en las letras arequipeñas, está cobrando vigencia, porque sus libros son conocidos por las personas a quienes cautiva, atrae y gustan por lo que son: una amalgama de fantasías que nos alejan, no de la realidad, sino de la cruenta perversión que enfrentan en nuestras sociedad adolescentes y porque no decir también, adultos.
El señor Pablo Nicoli se hizo presente en nuestra literatura con uno de sus primeros libros de ficción: “Arequipa y sus fantasmas” y fue tal la aceptación que obtuvo por los lectores que sus publiciaciones posteriores tuvieron las misma acogida, hasta su último libro “El Club Monster”, incluyendo su novela de Ciencia Ficción “Dos Arequipeños en tiempos de Cristo”, que tiene como protagonista al científico Arequipeño Pedro Paulet. En su carrera literaria-periodística, este autor, diríase obsesionado por lo sobrenatural, participó en las publicaciones como editor, de los suplementos Fantástico, Billiquen y lo hace actualmente con Enigmas, cuya acogida es desbordante por todos los lectores, incluyéndome. En este último suplemento está publicando su última producción que él llama “Minicuentos de Nicoli” con un estilo a lo Edgar Allan Poe y el minimalismo de Raymond Carver.
El estilo que emplea en sus textos es sencillo y claro. Su artificio narrativo enlaza con coherencia las escenas y hechos que trata de dar a conocer motivo por el cual tiene al lector a la expectativa por saber qué más seguirá a continuación.
He conversado con personas que tienen afición por la lectura y siempre mencionan los libros del Sr. Nicoli a quien admiran y gustan por lo que escribe.
Es así, que esta literatura está perfilándose por varias sendas, por lo que pienso debe ir ya estudiándosela para no ignorar los pilares que se están forjando en nuestras letras.